Todos sabíamos que no era solo un partido de fútbol, pese a que los jugadores y el cuerpo técnico –sabiamente– le quitaban dramatismo y connotaciones en la previa. Pero las cosas son más de lo que aparentan en la superficie, si tocan fibras simbólicamente importantes para un colectivo social. Como bien definió hace ochenta años el sociólogo Merton, un hecho social tiene funciones manifiestas y latentes. Por ejemplo, la celebración de una fecha patria o un cumpleaños: se conmemora, pero también se consolida la identidad de un colectivo. Pues un partido de Argentina contra Inglaterra cumple esa función: era una competencia deportiva, pero ganar era una reivindicación de soberanía. “Pero ¡qué absurdo mezclar una cosa con otra!”. Puede ser. Pero así funcionamos los seres humanos. Muchos más en este momento del país y en un planeta en fase de globalización extrema, donde todos los límites se están borrando (positiva y negativamente). La mayoría de l@s argentin@s festejaron por partida triple (basado en grupos focales realizados en las 48 horas posteriores al partido) porque:

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