Si esta semana al pasar por el supermercado los precios no han dado ningún susto nuevo, no es una sensación. Las consecuencias económicas de un estrecho de Ormuz trastocado, que ya se dejan sentir en los mercados internacionales y en el comercio exterior, todavía no han llegado del todo a los hogares. Aunque la inflación de alimentos se situó en junio en España en un 2% interanual, es el mínimo en casi un año. En la eurozona está en el 1,2%, su nivel más bajo en cinco años, según la firma de análisis Oxford Economics. Pero hay fecha de caducidad. El verdadero impacto comenzará a hacerse visible en el 2027.25% del flujo de petróleo y hasta un 20% del gas natural licuado mundiales pasaban por Ormuz antes de la guerraLa guerra ha trastocado el paso marítimo por el que hasta entonces transitaba alrededor de una cuarta parte del petróleo mundial transportado por mar y una quinta parte del gas natural licuado. El cierre ha reducido la oferta de crudo y alimentado el repunte de los precios energéticos. El encarecimiento del petróleo –hoy un 20% más caro que antes del conflicto– no termina en el surtidor. El crudo y el gas están presentes en casi toda la cadena alimentaria: permiten fabricar fertilizantes, mover la maquinaria agrícola, transportar mercancías, producir envases y mantener la cadena de frío para la conserva. Un tomate que llega al supermercado ha pasado por todos esos procesos. Cada uno de esos eslabones absorbe parte del aumento de costes y su efecto acumulado acaba trasladándose al precio final que paga el cliente.El crudo y el gas están presentes en casi toda la cadena alimentaria, y van elevando el impactoLa pregunta lógica es por qué, si el conflicto estalló en febrero, la inflación alimentaria sigue contenida. La respuesta está en los tiempos propios del sector agrícola. Los fertilizantes y la energía se encarecen primero en los mercados mayoristas; después elevan los costes de la siguiente campaña agrícola y, solo cuando esa producción se cosecha, procesa, envasa y distribuye, el aumento termina reflejándose en el lineal del supermercado. Oxford Economics calcula que el efecto máximo de un shock de materias primas sobre los precios domésticos tarda alrededor de doce meses en materializarse.Barcos en el estrecho de Ormuz REUTERSAsí, la firma prevé que la inflación alimentaria de la eurozona se mantenga moderada durante lo que queda de año, pero repunte con fuerza en el 2027. Los propios datos del informe respaldan esa previsión: fertilizantes como la urea o el fosfato diamónico se dispararon durante el bloqueo, casi duplicando su precio, y, aunque parte de esa subida ya se ha corregido, siguen por encima de los niveles del 2025. Hasta ahora el impacto se ha concentrado principalmente en explotaciones agrícolas del hemisferio sur, pero acabará trasladándose también a los costes de producción europeos.Oxford Economics prevé inflación alimentaria a cerca del 3% para el 2027Ormuz, sin embargo, no es el único factor de presión. Oxford Economics sostiene que las olas de calor registradas en mayo y junio y los efectos del Niño podrían terminar teniendo un impacto incluso mayor que la guerra sobre los alimentos, al reducir las cosechas y limitar la oferta. La combinación de fertilizantes más caros y las condiciones meteorológicas adversas explica que la consultora haya revisado su previsión de inflación alimentaria para el próximo año a cerca del 3%, frente al 1,2% que estimaba apenas un mes antes. Calculan un repunte de entre cinco y siete décimas por el impacto de Ormuz y un punto adicional por el repunte climático. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) sostiene en un estudio reciente que “las alzas en los precios de los insumos, junto con el fuerte fenómeno del Niño, aumentan las preocupaciones sobre la inseguridad alimentaria”.Desde las Naciones Unidas se pone el foco en la “inseguridad alimentaria” por el climaEl Banco Central Europeo (BCE) también es pesimista. La institución anticipó en junio una aceleración rápida de los precios de los alimentos hasta el 3,3% interanual en el cuarto trimestre del 2026, con un máximo del 3,7% a mediados del 2027. El escenario alternativo planteado por el propio banco central dibuja una subida más gradual, con un techo cercano al 3,2% a comienzos del 2027. Pero siempre en una senda alcista.Para el consumidor, el conflicto en el golfo Pérsico puede parecer todavía un problema lejano. Pero la cadena que conecta una crisis geopolítica con el pan, la fruta o la leche ya está en marcha. Y, según los cálculos de los economistas, todavía no ha recorrido la parte más dolorosa.