La sombra del burroEste Mundial puede ser la primera gran experiencia colectiva de la nueva Espa�a global: mestiza, tecnol�gica, confiada. Mientras, nuestra pol�tica sigue secuestrada por la l�gica inversaActualizado S�bado,

julio

22:58El seleccionador Luis de la Fuente termin� en febrero su intervenci�n en nuestro Future Makers con una cita de Alfredo di St�fano: "Ning�n jugador es tan bueno como somos todos juntos". "No hay ninguna individualidad, por extraordinaria que sea, que sea mejor ni m�s importante que un gran equipo", aclar� �l mismo. El f�tbol l�mpido y fascinante de Espa�a se presenta esta noche a la conquista de la segunda estrella despu�s de una exhibici�n sensacional de juego colectivo en la memorable semifinal contra Francia. La victoria hoy en Nueva York ante la combativa Argentina de Messi ser�a el triunfo de la continuidad de una idea: esa cultura futbol�stica diferencial que levant� la primera Copa del Mundo hace 16 a�os.De aquel equipo de leyenda con Xavi, Villa e Iniesta lleg� a escribir The Wall Street Journal que era el mejor que hab�a existido nunca en cualquier disciplina deportiva y de este sofisticado e hipermoderno de Lamine, Rodri y Cucurella quiz� se dir� en alg�n momento lo mismo. El tiki-taka vistoso, solidario y din�mico de entonces es el tiktok juvenil, mestizo y trepidante de ahora. El testigo ha pasado natural y sencillamente a una nueva generaci�n.Si la final del Mundial condensa el estado de �nimo de un pa�s, nuestra mayor ilusi�n es pensar que ese flow talentoso, imparable y sin complejos de la selecci�n es la representaci�n simb�lica de lo mejor de nosotros mismos. La Espa�a pujante que ha sabido adaptarse a un mundo en continua transformaci�n; la de las empresas, creativos o investigadores que lideran proyectos asombrosos en todo el planeta. Una naci�n tambi�n real y convencida de s� misma que mira al futuro.Y mientras Espa�a contempla orgullosa a una generaci�n que gana porque comparte, crea y se sacrifica junta, nuestra pol�tica permanece secuestrada por la l�gica inversa: la de quienes exigen que las reglas, las instituciones y hasta la convivencia se acomoden a las necesidades de su supervivencia personal. Ning�n acontecimiento es m�s expresivo de esa manera de entender la vida p�blica que la concesi�n de la amnist�a a los l�deres independentistas. Cuando S�nchez celebr� durante su investidura que se trataba de �hacer de la necesidad virtud�, significaba estar dispuesto a hacer cualquier cosa, incluso doblegar la ley, con tal de no ceder el poder.La sentencia del tribunal europeo era previsible, pero sigue siendo decepcionante. La Corte de Luxemburgo omite la objeci�n principal, la que fue m�s extensa y apasionadamente defendida por el abogado de la Comisi�n durante la vista: que nos encontramos ante un acto de arbitrariedad porque la motivaci�n real de la amnist�a consist�a en retribuir con la impunidad a quienes pod�an prestar los votos que le hac�an falta a Pedro S�nchez. Es por tanto una "autoamnist�a", redactada de su propia mano por sus concretos beneficiarios. As� que no es un asunto de naturaleza meramente moral, sino que afecta al coraz�n del Estado de Derecho y del art�culo 2 del Tratado de la Uni�n, la piedra filosofal de su comunidad de valores.Esteban Urreiztieta public� el lunes en EL MUNDO una informaci�n trascendental con la que se escribir� esta historia. S�nchez utiliz� la negociaci�n con Junts a trav�s de Zapatero y los "bailes de fechas" de C�ndido Conde-Pumpido sobre la amnist�a para dejar atado a Carles Puigdemont a una expectativa permanente. Esa dependencia le sirvi� para prolongar la legislatura y dejarlo exang�e. No puede comprender el cambio social quien vive ensimismado con su prioridad personal desde hace nueve a�os a miles de kil�metros. Sus restos se los repartir�n el esencialismo xen�fobo de Alian�a Catalana y el pujolismo de nuevo cu�o que pretende encarnar el PSC de Salvador Illa de la mano del recurrente establishment. La "reconciliaci�n" era esto.La selecci�n no necesitar� esta noche que las reglas se doblen a su favor ni que el equipo permanezca cautivo de alg�n destino individual. �sa es tambi�n la naci�n que queremos reconocer en ellos: una Espa�a joven, plural, unida y segura de s� misma. La victoria m�s profunda ya se ha producido. Est� en los cientos de miles de j�venes que han salido en Don Benito, Madrid, Sabadell o Vitoria para festejar sin pedir permiso y sin tener que resolver previamente qu� significa ser espa�ol.Chicos y chicas de distintos or�genes, lenguas y tonos de piel que viven su espa�olidad con naturalidad, compatible con todas las dem�s formas de pertenencia. Ayer recordaba I�aki Ellakur�a la frase del Rey en su discurso de proclamaci�n: "En esta gran naci�n, caben todas las formas de sentirse espa�ol". Este Mundial puede ser la primera gran experiencia colectiva de la nueva Espa�a global del siglo XXI: el pa�s mestizo, tecnol�gico y confiado que realmente somos, capaz de entenderse de muchas maneras y de reconocerse en una misma alegr�a. La mejor Espa�a