Actualizado S�bado,
julio
22:52El ministro de Justicia, F�lix Bola�os, lleva desde 2023 tratando de lidiar con un sistema judicial que cojea, lento y pesado, por falta clamorosa de recursos. La consecuencia es que miles de personas ven c�mo los procedimientos que les afectan se eternizan, las soluciones no llegan y la confianza decae. �l lo intenta pero, sin Presupuestos y con una lista cada vez m�s larga de casos de lawfare a la que dedicar sus desvelos, la labor se convierte en herc�lea.Es tan inabarcable el atasco, que al Gobierno no le ha quedado otra que ponerse �l mismo manos a la obra para quitar el tap�n. �Que los jueces no dan abasto? No pasa nada: se empiezan a evacuar sentencias desde el Ejecutivo y as� se achica agua.Como el que parte y reparte se lleva la mejor parte, se comienza por los asuntillos que m�s le incomodan a uno. Qu�tate t�, que ya me pongo yo. Este y esta, inocentes. Este y esta, culpables. Estos, fachas y contaminados; aquellos, progresistas e impolutos. Y as� despejamos. A las bravas y sin que tiemble el pulso.Para que no parezca raro, se prepara un suced�neo de c�digo que se reparte entre los afines para que lo repitan como si fueran las tablas de Mois�s, supliendo lo que la ley verdadera dice. Y as�, a fuerza de repetir, que cale en los ciudadanos la sentencia acomodada al gusto del emisor.El juego es simple: para aquellas causas que ya est�n en curso y avanzan por un terreno peligroso para el poder, la maniobra consiste en cebarse en el descr�dito. Basta con que un solo individuo haya sido tan torpe, tan descuidado, o incluso tan disparatado como ha sido el juez Peinado en bastantes puntos de su instrucci�n del caso de la mujer del presidente, para que todo el Consejo de Ministros y sus altavoces extiendan una sombra de sospecha o directamente de culpa sobre aquellos que, como instancia superior encargada de revisar aciertos y desatinos, emiten un criterio no ajustado a lo que La Moncloa y su coro esperan de ellos.Y de esta forma, tacita a tacita, resoluci�n a resoluci�n, caso a caso, la lista de los afectos al lawfare -la guerra sucia judicial para deslegitimar a un pobre inocente, eso s�, bien situado en la �rbita del poder- se va incrementando.En rom�n paladino: los candidatos a prevaricadores van camino de ser multitud. S�lo esta semana, con Bego�a G�mez, la bolsa ha engordado: de uno a seis. Al juez instructor se le han sumado los cinco de la Audiencia de Madrid que le corrigieron pero, �ay!, no lo suficiente.La cosa es que la mujer del presidente, ya sin ex�ticas medidas cautelares y acusada ahora no de cuatro delitos sino de dos -malversaci�n y tr�fico de influencias-, tendr� que sentarse en el banquillo ante un jurado popular. As� lo establece la ley para G�mez y para cualquier hijo de vecino al que se le imputen estos delitos.Ni cacer�a ni ensa�amiento ni abuso ni humillaci�n. Es la aplicaci�n de la ley. Y punto. Complazca o no a S�nchez, guste o no a sus ministros, satisfaga o no a sus voceros. Eso s�, tras difundirse que a G�mez se le impone arbitrariamente la pena accesoria del jurado popular, prep�rense para escuchar que los nueve jurados elegidos -cuya identidad no puede ser revelada- vendr�n en paquete s� o s� contaminados de casa y decididos no a ser justos, sino vengadores justicieros.Quiz� Bego�a G�mez sea absuelta. Entonces, se cantar�n alabanzas. Pero, si es condenada... �tense los machos. No lo quiero ni pensar.









