Conseguir un pescado frito impecable, crujiente por fuera, jugoso por dentro y sin rastro de exceso de grasa, parece el secreto mejor guardado de los chiringuitos de la costa sur. Sin embargo, la clave no está en rebozados pesados ni en fórmulas complejas. En el sur lo tienen claro: ni huevo, ni pan rallado.

La auténtica técnica andaluza para freír pescado se basa en la pureza y la sencillez, utilizando únicamente una técnica maestra de enharinado y un dominio preciso de la temperatura del aceite de oliva. Un método tradicional que respeta el sabor del mar y que hoy te desvelamos para que puedas reproducir en casa esa textura aireada, fina y perfectamente dorada que convierte a cada bocado en un auténtico manjar.

El truco maestro para esta receta

El gran secreto del éxito andaluz no reside en un rebozado grueso, sino en lograr una película casi invisible que proteja al pescado y conserve sus jugos sin restarle protagonismo. Para conseguirlo, las freidurías de Cádiz, Málaga o Sevilla recurren a un truco infalible: combinar harinas.

Aunque tradicionalmente se utiliza una mezcla de harina de trigo fina y semimolida (o semolina), el toque mágico que recomiendan los expertos es combinarla con harina de garbanzo. Las proporciones ideales para lograrlo en casa son: