Como buen guionista y hombre del mundo audiovisual, lo que a Pablo Toro (43) le disparó la idea de su segunda novela. “Lo primero fue una imagen: dos policías atravesando Santiago para reunirse con un traficante y entregarle un paquete. De ahí surgió un ritmo, una forma, una cierta comedia negra y algunas preguntas. ¿Qué hay en el paquete? ¿Por qué lo están haciendo? ¿Y quién les ha dado las órdenes? Tirando de ese hilo fui construyendo el mundo de la novela, que se empieza a desbordar hacia otros espacios”, comenta a Culto.Guionista -entre otras- de La ofis, Bala loca y Los 80, Toro le dio vida a Diligencia (Tusquets), su segunda novela, la sucesora de la aplaudida Safari (Montacerdos, 2021) que fue incluida por Culto entre los mejores libros del 2021. Acá, Toro retoma el ritmo ágil y frenético que caracteriza su narrativo, pero al mismo complejo y de capas superpuestas. Nos encontramos con la historia de una pareja de carabineros, el sargento Dracos y la cabo Mansilla que -durante un solo día- deben cumplir un encargo, una diligencia, encargada por su superior. Deben entregar un paquete a un poderoso narco, pero las cosas comienzan a complicarse, porque se ven involucradas altas esferas de poder. Aparece una oscura organización secreta llamada La Reunión que reúne a personeros importantes. Al mismo tiempo los sigue una escritora obsesionada con encontrar al asesino de su hija. Y algo tiene que ver la gestión de los policías. Así, el lector se va metiendo en una novela policial, pero que también dialoga con la corrupción, el poder y hasta con los movimientos estudiantiles de los últimos años.¿Qué fue lo más difícil de escribir en esta novela?Encontrar una estructura que me permitiera articular distintos hilos y tonos y tiempos narrativos de manera consistente.Diligencia se publica en un contexto chileno muy cargado políticamente y de tensión social. ¿En qué medida quisiste dialogar con la realidad actual de Chile (protestas estudiantiles, desconfianza en las instituciones, etc.)?La novela dialoga con varias tensiones políticas y sociales de los últimos quince o veinte años, pero también con la transición a principios de los noventa, y con la historia más larga del país. Me interesó explorar una cierta continuidad histórica de las zonas grises del relato nacional.FOTO: Carla McKay La novela parece sugerir que las fronteras entre Estado y crimen organizado son mucho más difusas de lo que solemos pensar. ¿Te interesaba cuestionar esa separación?El crimen verdaderamente organizado siempre requiere de estructuras legales para funcionar y expandirse. Eso involucra lo judicial, lo policial, la política y el aparato financiero, entre otras cosas. Y ahí estamos hablando de personas, no solo de transacciones. En Diligencia retrato a personajes que habitan una zona intermedia entre organizaciones formales y criminales.El sargento Dracos y la cabo Mansilla son una dupla muy potente: un veteranoagresivo y una novata dispuesta a “mancharse las manos”. ¿Cómo los construiste?Ellos son muy distintos, pese a la misión que los une. Se relacionan de manera muy diferente con la corrupción en la que están envueltos. Buena parte de la tensión de la novela proviene de sus choques verbales y físicos, de sus diferencias morales y generacionales, de cierto humor negro en su forma de relacionarse. La forma de construirlos fue surgiendo en la escritura, en los detalles, en las escenas, sin un modelo arquetípico o psicológico previo.Hay una violencia muy física, pero también una violencia burocrática, institucional, casi administrativa. ¿Cuál de las dos te parece más inquietante?Ambas son devastadoras a su manera. La violencia física es inmediata y visceral. La otra, en cambio, es algo más difuso, más difícil de apuntar con el dedo. Y afecta, sobre todo, a lo comunitario.En la novela aparece una organización llamada ‘La Reunión’, que parece estar en el centro de varios hilos de poder. ¿Podrías contarnos un poco cómo surgió esta idea y qué representa ‘La Reunión’ en el universo de Diligencia?En el universo de la novela, La Reunión representa un sistema debajo del sistema. Un entramado de intereses que funciona por fuera de las narrativas visibles. Tiene un costado realista y mundano, de organización criminal, y otro que dialoga con la conspiranoia y la especulación.FOTO: Carla McKay La novela explora el poder que “no actúa a plena luz”, la frontera entre Estado y crimen organizado, y la fragilidad moral de quienes creen estar del lado correcto.¿Qué querías decir sobre la corrupción y la violencia institucional en Chile?Más que una novela de denuncia, me interesó retratar a personajes que orbitan esa zona gris, hurgar en sus ideas, motivaciones y contradicciones. Para algunos es simplemente un asunto de plata. Para otros hay motivos políticos o filosóficos, incluso históricos. O temperamentales. En ciertos casos, se ven arrastrados más allá de sus voluntades. La corrupción es un fenómeno universal, pero dependiendo quién la ejerza siempre tendrá particularidades, formas, detalles, una idiosincrasia. Ahí es donde se encuentra lo literario.Santiago aparece casi como un personaje más: caótico, sofocante, peligroso. ¿Qué ciudad querías retratar?Parte de esa hostilidad urbana proviene de la época en que empecé a escribir el libro, en 2021. Algo que estaba en el aire. La post pandemia fue como un gran estrés post traumático colectivo. Se veía y se palpaba cierta agresividad en las calles. Más de lo común. Entre las personas, entre conductores, en el metro. En algunos casos fue muy tenso, pero también hay algo gracioso ahí, medio absurdo y excesivo, que quise imprimir en el tono. Además, fue un año de irrupción del crimen organizado, donde se hizo más visible su alcance, sus métodos y cierto control territorial. A eso hay que sumar las tensiones políticas de los últimos años. Todo eso informó el retrato de la ciudad.La novela ocurre durante un solo día -el más caluroso del año- y en medio de protestas estudiantiles. ¿Qué aporta ese contexto de tensión permanente?La temporalidad de un solo día es, por un lado, un contrarreloj para la historia, pero también una forma de estar ahí con los protagonistas, Dracos y Mansilla, paso a paso, mientras el día se convierte en un gran ritual de iniciación. Las protestas son la extensión de uno de los hilos centrales de la novela: la misteriosa desaparición de un dirigente estudiantil.FOTO: Carla McKay Al leer Diligencia, parece una novela policial en su forma, pero tiene muchas capas.¿Querías salir de los márgenes habituales del género?, ¿cómo entiendes tú la literatura policial?En la novela predomina un tono negro, de thriller neopolicial, pero se va fusionando con otras cosas como la sátira, lo histórico, y lo especulativo. Esa hibridez fue surgiendo en la escritura. Me interesa esa fusión. Los géneros literarios deben ser explorados y mezclados en busca de algo más extraño que sus formas canónicas.Diligencia tiene un ritmo muy cinematográfico (persecuciones, tiroteos, seguimientos). ¿Influyó tu experiencia como guionista de series en la forma de narrar?Hay una cierta influencia, creo, en las formas del montaje. algunos usos del ritmo y el diálogo. Me interesa ese cruce entre narrativa, cine y dramaturgia, entendiendo que la prosa, el sonido de la prosa, siempre es lo primordial en una novela.En otro aspecto, como guionista, ¿cómo ves actualmente el estado de las producciones audiovisuales en Chile?El cine pasa por un buen momento. Se están haciendo películas interesantes, sustentadas en el empuje y talento de los realizadores más que en una pretensión industrial. Respecto a las series, me parece que el panorama se ha estancado en los últimos años, con algunas excepciones. Se desarrollan muchos proyectos, pero pocos se terminan haciendo. Hay mucha ansiedad por llegar a las plataformas de streaming, pero creo que la televisión local debería estar produciendo más ficción audiovisual. Tal vez seguir la pista de estos nuevos realizadores. Creo que eso sería retribuido en audiencia, pero tendría que ser una apuesta consistente.
Pablo Toro, autor chileno: “Me interesó explorar la continuidad histórica de las zonas grises del relato nacional” - La Tercera
Tras el éxito de Safari, el escritor chileno regresa con Diligencia, un vertiginoso neopolicial que sitúa a una pareja de carabineros en medio del crimen organizado y las conspiraciones políticas. Una radiografía de la desconfianza institucional en el Chile de los últimos 20 años.







