Cuando la escritora chilena ganó el Premio Anagrama de Novela 2024 por Clara y confusa, los flashes se posaron sobre ella y muchos descubrieron por aquel entonces una voz particular. En aquel texto, Cynthia Rimsky construyó una trama particular, por momentos delirante, otras veces intimista. Hizo juego de un más que interesante herramental narrativo. Una cierta mirada que construye voces, personajes y espacios alejada de los cánones de la literatura contemporánea, muchas veces concentrada en la minucia conyugal, el ego herido y la geografía urbana. Esta misma fibra se percibe en Yomurí, publicada en su país natal en 2022 y editada por primera vez este año en Argentina.En esta novela se cuenta la historia de dos mujeres que emprenden desplazamientos marcados por la necesidad. Carri llega huyendo de una apariencia indígena con la que no se reconoce. Más adelante adoptará el nombre de guerra Verde. Su rechazo a esa imagen se vincula también con su apellido, de origen croata. Eliza, por su parte, es una mujer de la capital que inicia un viaje arrastrando a su padre, Kovacs –exdiplomático, mujeriego, verborrágico–, afectado por la demencia, que se niega a ser confinado en un asilo. Eliza busca a una hermana a la que apenas conoce, con intenciones de dejarlo a su cuidado.El estilo de Rimsky, residente en la Argentina desde hace ya varios años, es ecléctico e inclasificable. Su prosa se vuelve, por momentos, barroca y, otras veces, ágil, lo cual vuelve compleja la lectura y puede hasta resultar tedioso. En tiempos en donde el aburrimiento y el no entender parecen ser pecados veniales, su modo de narrar es algo más que un soplido de aire fresco. Se convierte en un gesto artístico no exento de poesía y más que necesario. Esto sumado a un particular tratamiento del lenguaje, con el que el español se transforma en una mutación entre su variante más hispana, giros chilenos y porteños.Al igual que en trabajos anteriores (la ya citada novela premiada, La revolución a dedo o Poste restante), vuelven obsesiones recurrentes como la idea de la transformación social, la pesquisa ante lo injusto y el impulso por modificar realidades adversas. Se agrega la problemática de las tierras que hoy, mientras circula el último film de Lucrecia Martel, adquiere una relevancia mayor. Otro de sus temas entrelazados es la cuestión indígena, sobre todo una pregunta por la identidad que sobrevuela toda la historia.La descripción y la construcción de personajes son los puntos más altos de los procedimientos narrativos. Para definir al padre de Eliza escribe: “Kovacs nunca le hizo una sillita como los demás padres, lo suyo era la lectura, las mujeres y el mundo, ojalá lo más lejos posible de casa”. Eliza se muestra inquieta ante la búsqueda que parece prometer una certeza sobre quién es y cuál es el lugar que ocupa. Carri, el personaje ligado al pueblo Yomurí, se ve más enérgica y resuelta. Al reconocer en su fisonomía rasgos de una etnia indígena, decide lanzarse a la aventura, aunque su compromiso con la causa nunca resulta pleno: es una inconformista que mantiene una distancia irónica, se ríe del intento de crear una suerte de sociedad utópica y nunca termina de creer en ella. En cierto momento, la promesa del origen se le revela muy distinta de cómo la había imaginado: “No sabe si es peor eso o la soledad”.Novela de aventuras, thriller introspectivo, con una prosa sensible y ecoafectiva en sintonía con otras autoras contemporáneas, como Fernanda Trías o Gabriela Cabezón Cámara, Yomurí calma la sed de todos aquellos nuevos adeptos que la autora chilena supo conquistar luego del premio internacional. Su estilo –irónico, lúdico, político y refractario a la solemnidad– esquiva lugares comunes y contiene chispazos poéticos. Cynthia Rimsky se consolida como una de las voces más peculiares dentro de la literatura latinoamericana, capaz de volver extraña incluso la idea misma de identidad que la novela parece buscar.Yomurí, Cynthia Rimsky. Random House, 264 págs.
Cynthia Rimsky y un thriller introspectivo
En su nueva novela, Yomurí, la escritora chilena Cynthia Rimsky propone un viaje profundo sin solemnidad.








