¿Puede una persona decidir libremente por sí misma o todas las decisiones están condicionadas?, es la gran pregunta de "Un crimen dialéctico", la novela de Guillermo Martínez.Es uno de los escritores argentinos más celebrados en su país y traducidos en el mundo y acaba de publicar una novela en la que regresa al policial filosófico y, sin perder un segundo de tensión, también retoma cuestiones vinculadas a la ciencia, la política y la religión, que fueron tratadas en su momento por autores como Sartre y por Witold Gombrowicz. Guillermo Martínez (Bahía Blanca, 1962) es doctor en Ciencias Matemáticas por la Universidad de Buenos Aires y escritor. Es autor de los libros de cuentos Infierno grande y Una felicidad repulsiva, de las novelas Acerca de Roderer, La mujer del maestro, Crímenes imperceptibles -traducida a 35 idiomas y llevada al cine por Alex de la Iglesia como Los crímenes de Oxford-, La muerte lenta de Luciana B., adaptada para el cine por Sebastián Schindel como La ira de Dios, Yo también tuve una novia bisexual, Los crímenes de Alicia (Premio Nadal) y La última vez. También escribió los ensayos Borges y la matemática, La fórmula de la inmortalidad, La razón literaria y Once tesis y antítesis sobre la escritura de ficción. En Un crimen dialéctico, su nueva novela publicada por Seix Barral, Guillermo Martínez regresa al género policial de matriz filosófica. El protagonista es alguien que fue un joven militante revolucionario y que hoy es un científico que reside fuera del país. Vuelve a la Argentina con una misión ordenada por el partido que incluye un crimen con el que buscan cambiar el destino de las elecciones que se avecinan. Con esas elecciones se acerca el final de la dictadura y se espera el regreso de la democracia. PUBLICIDADEste joven académico estudia e investiga un experimento de las neurociencias que, aparentemente, prueba que en realidad el libre albedrío no existe. Y lo más interesante es que el tema que investiga es, justamente, el gran dilema de su presente: ¿puede una persona decidir libremente por sí misma o todas las decisiones están condicionadas?Semanas atrás conversamos con el escritor argentino y además de contar la cocina de su novela, habló también del presente del país y del mundo, un presente en el que triunfan las ideas de la ultraderecha y en el que, asegura, “los países poderosos pueden dar el zarpazo en el momento que quieren y de las maneras más cruentas”, sin que haya una reacción acorde por parte de la opinión pública.PUBLICIDAD— Tu novela tiene muchos focos, aunque el principal tiene que ver con un plan que incluye un crimen y que es, en realidad, una misión. Pero también hay historias de amor truncas, historias que tienen que ver con matrimonios desparejos, en algún sentido, raros. — Y con la literatura rusa.— Exacto, hay muchas referencias a la literatura rusa, pero también tiene que ver con la literatura argentina, porque arranca con una narrativa que claramente refleja el cuento “Emma Zunz”, de Borges, ya en la primera página. PUBLICIDAD— Eso me lo han dicho varias veces. Y, al principio yo decía ¿pero por qué piensan en “Emma Zunz”? Porque mi movimiento, en realidad, fue recobrar la manera en que terminaba una novela mía anterior, que era reemplazar con un documento auténtico lo que se había implantado como falso. Entonces, que lo auténtico fuera disfraz de lo falso. Y retomé esa idea acá. Hasta que me dijeron que... Claro, hay como un ritornello que evoca el final de “Emma Zunz”. (N. de la R.: El ritornello es el término que señala la repetición de una sección o fragmento de una pieza musical).— Sí, y no voy a spoilear, pero cuando uno llega al final de tu novela también hay otras cosas que tienen que ver. PUBLICIDAD— Sí, con Borges seguro.— Y con “Emma Zunz”, también. — Bueno, de eso no fui consciente mientras lo escribía, pero me lo están diciendo así que algo debe haber. En realidad, tal como yo concebí la novela, tiene algo del “Poema de ajedrez”. Porque la causalidad se discute todo el tiempo a lo largo del reporte científico: hasta qué punto uno es ignorante de todas las cadenas causales que terminan por gobernar las decisiones. Y es como si el narrador se propusiera hacer una cadena causal secreta de los movimientos ajenos, ¿no? Como si fuera el manipulador en las sombras para no llegara a tocar, a ensuciarse las manos con el crimen.PUBLICIDAD— Qué interesante: estás entusiasmado y apasionado intelectualmente por ese eje fundamental de la novela y con esta investigación, esta discusión y estos argumentos, ya que hablamos de Borges. Porque hay un cruce de argumentos durante toda la novela en relación al tema del libre albedrío. Ahora, cuando te menciono lo de “Emma Zunz”, hay algo que tiene que ver más con la parte de lo sexual en la novela, porque también hay algo del montaje del crimen que hay en “Emma Zunz”. En ese sentido lo pensé. — Sí, puede ser. Y hay muchos temas. Viste que en la novela es como un cruce de cosmovisiones, porque está toda la cuestión religiosa, lo político, lo filosófico, lo científico, lo militar, y la correspondencia epistolar casi de otro siglo pero transfigurada en la correspondencia por e-mail.PUBLICIDAD— Ahora, en principio no hay tiempos definidos en la novela, pero en la Argentina, si te dicen que se termina la dictadura militar y va a venir la democracia, uno asocia con los 80, una época en la que no existía el e-mail. — Sí, bueno, yo tenía pensada la novela un poco a la manera, y fue muy importante para mí, de Las manos sucias, de Sartre. Y en Las manos sucias Sartre imagina un país que era parecido a todos los que estaban ahí, en esa especie de línea del Este en tensión con el posible avance de la Unión Soviética y qué hacían los partidos comunistas en cada país con la burguesía nacional. En fin, el dilema era común a varios países. Y nosotros también tuvimos en Latinoamérica muchos gobiernos militares que fueron saliendo de sus dictaduras en épocas más o menos diferentes y aún bastante más tardías que la nuestra. Entonces, imaginé un país que pudiera identificarse con la Argentina pero como si fuera una década más tarde, cuando ya existía el e-mail pero no todavía los teléfonos celulares. Me interesaba mucho lo del e-mail, por parte de la trama que tiene que ver con esa correspondencia, y también por la posibilidad de que el protagonista quedara en contacto rápido, directo, con todo el tema del referato científico. O sea, me parecía que hacerlo por la correspondencia clásica, a través de cartas, iba a ser medio imposible. PUBLICIDAD"Un crimen dialéctico", la novela de Martínez, fue publicada por Seix Barral. La ilustración de tapa es de la artista argentina Verónica Gómez.— ¿Lo intentaste de la otra manera o directamente arrancaste así? — No, no, yo quería que el e-mail existiera y dije, bueno, será un país ficticio. Tuve ciertas dudas al principio. Después me pareció que el hecho de que se desarrollara en un pueblito en el Norte esfumaba toda la cuestión del aquí y ahora certificado, estricto. Ya hay una especie de estilización en la elección de ese paisaje norteño que hace que el conflicto principal sea un conflicto individual, personal, y no tanto, bueno, qué pasaba con la política argentina en ese momento. PUBLICIDAD— Algo que no mencionamos recién es que, entre todos los tópicos que aborda la novela, está el de hablar con los muertos, con escenas muy conmocionantes.— Ah, bueno, eso era para mí algo muy importante porque, de algún modo, es también un momento que es cuasi religioso, ¿no? Porque hace referencia a esta especie de mudez de Jesucristo en su momento, que siente que lo ha abandonado Dios, y bueno, él siente que el vínculo más grande que tiene con todas las ideas revolucionarias tiene que ver con su padre, que dio la vida por la revolución. Entonces, la verdad es que la única opinión, el único interlocutor que a él le interesa para dirimir esta cuestión moral es su padre, que ha dado la vida por la revolución. Pero bueno, se dice en la novela, y creo que es muy cierto, que no es lo mismo dar la vida por la revolución que quitar una vida. O sea, son cuestiones absolutamente diferentes. Por eso también elegí como epígrafe esa frase de Otelo (N. de la R.: ver cita en nota al pie) que dice, no es lo mismo, o sea, maté personas en la guerra pero no me siento capaz de un crimen premeditado. Que sería planificar la muerte de una persona en particular con anterioridad. — Hay una frase del padre Carlos Mugica –la recordábamos hace poco con María O’Donnell a propósito de su nuevo libro sobre Montoneros– que dice algo así como “Estoy dispuesto a morir, pero no a matar”.— Exactamente. Y fíjate que el Che Guevara es la figura opuesta, porque acompañaba a los guerrilleros como médico y en un momento murió uno de sus compañeros y él decidió tomar el fusil. Entonces, es una decisión muy difícil, por eso aparece también el comandante cubano que le dice al protagonista “Bueno, ninguna revolución se hace con puro mártir. Sí, si todos damos la vida está bien, nos recuerdan en las placas, pero la revolución no se hace”. — ¿Y cuánto de eso queda hoy para un hombre de tu edad, con una ideología como la tuya, que en realidad no tuvo que ver estrictamente con esto, pero sí con las ideas de izquierda? — Sí, sí, por supuesto. Con la idea de la insurrección, de cambiar de alguna forma más o menos violenta. Sí, eso está en la matriz del pensamiento revolucionario. O sea, ningún pensador revolucionario cree en la evolución y en las sucesivas elecciones. Y cuando eso pudo ocurrir, inmediatamente tuvimos la experiencia de Salvador Allende en Chile. Es decir, no, a mí me interesaba justamente examinar qué quedaba en mí de toda aquella época y si alguna iluminación de esa época podía todavía decir algo para el presente, porque en el presente vemos que afloraron las ideas del fascismo declarado y de la ultraderecha. ¿Qué pasa con la izquierda?, eso es lo que me preocupa. O sea ¿qué pasa con los que no queremos el fascismo? ¿Qué hacemos? ¿Cómo se lo enfrenta? ¿Con qué clase de medios? — Bueno, el fascismo de hoy no es el fascismo de antes, y la izquierda de hoy o de mañana, porque de hoy está como todavía un poquito en sordina…— Claro, depende de qué países hablemos. — Sí, a ver... — Porque yo veo lo que fue la destrucción sistemática de Gaza ante los ojos de todo el mundo, lo veo como un desprendimiento de todo posible valor humanista para hacer esa clase de destrucción. O sea, eso sobrepasa con mucho el justo derecho a una retribución, ¿no es cierto? "Me sorprende la violencia desnuda, sistemática, sobre poblaciones civiles, niños, el asesinato despiadado", dice Guillermo Martínez. En la foto, durante un debate en una edición de la Feria del Libro.— El concepto de guerra justa, decís. — Claro, a la guerra de la cierta equivalencia. Entonces, cuando Trump dice “Anexamos a Venezuela como una estrella más”, bueno, yo veo que son movimientos de tipo fascista. Nos gustó ese país, no puede defenderse, lo vamos a tomar: esa clase de política, de apropiaciones, es algo nuevo. O sea, esto hace diez años era impensable. Vos te acordarás el escándalo que hubo cuando Rusia invadió Ucrania. — Sí, bueno, sigue siendo un escándalo.— ¿Pero vos ves un escándalo de ese tipo cuando va Estados Unidos y secuestra al presidente de Venezuela o dice “mañana vamos con Cuba”? — No, de todos modos creo que si hubiera estado Trump en el gobierno cuando arrancó la guerra en Ucrania, habría sido diferente. El gobierno republicano no se habría pronunciado de la manera en que lo hicieron los demócratas porque, además, Trump tiene su propio vínculo con Putin. Pero éste es otro tema. — Lo que te quiero decir es que de nuevo estamos viviendo un escenario internacional en el cual los países poderosos pueden dar el zarpazo en el momento que quieren y de las maneras más cruentas a veces, sin que haya una reacción acorde a como quizá había en la opinión pública en otras épocas. — Coincido en varias de las cosas que estás señalando pero me parece que lo que difiere es el orden de los alineamientos porque, de pronto, muchos de los antisemitas de ayer ahora, en realidad, tienen su foco puesto en contra del mundo árabe o de los musulmanes. Con lo cual, determinada alianza con los judíos que hoy gobiernan el Estado de Israel les conviene más. Eso confunde mucho. — Totalmente. Entiendo exactamente lo que me decís, porque la base de muchos de estos gobiernos fascistas han sido juventudes filonazis. Sin duda. Pero, bueno, más allá de cómo quieras llamarlo, me sorprende la violencia desnuda, sistemática, sobre poblaciones civiles, niños, el asesinato despiadado. Que yo creo que eso hacía años, desde Serbia que no lo veíamos. — Sí, desde las guerras de los Balcanes.— Es algo tremendo que estamos viviendo otra vez. Ahora, lo que me preocupa es: ¿qué hacemos de este lado? ¿Qué hacemos? Y yo mismo tengo esa sensación de que, “no, ¿otra solicitada vamos a firmar?”. Y me parece medio como absurdo en cuanto a la disparidad de fuerzas. — Pero la violencia para frenar la violencia, ya lo vivimos, no es la solución.— Bueno, yo no sé cuál es la solución pero sí creo que no se puede seguir yendo a poner la cabeza los miércoles (N. de la R: se refiere a las marchas de apoyo a los jubilados en las afueras del Congreso) para que te den palos y palos. Por eso te digo, con puro mártir no vamos a salir de esto. Creo que hay que tener otras inteligencias, otras estrategias. Pero, bueno, en la Argentina se han dado en otras épocas esas estrategias. Pienso en lo que fueron los saqueos. Pienso qué haría yo. Yo tengo un hermano discapacitado y todavía puedo ayudarlo a sostenerse. Pienso qué haría yo si tuviera familiares discapacitados y no pudiera sostenerlos. Pienso qué haría yo si fuera un jubilado y que no me alcanza para vivir. O sea, me parece que hay mucha gente que está desesperada y que va a pensar de otras maneras. Entonces, si hay saqueos, disturbios, como hubo en el 2001, o sea, hubo también todo un ejercicio en la Argentina de decir basta. Hay maneras de decir basta. Nuestro presidente dijo “bueno, nadie se va a morir de hambre sin protestar”. — No sé si volvería a decirlo.— Bueno, lo que vemos es que lamentablemente hay gente que se está muriendo por este gobierno por los medicamentos que no se dan. Hay una sobretasa de muertes en ancianos porque dejan los tratamientos. Entonces, no sé en qué momento va a ser el corte pero creo que están alimentando algo que puede estallar de maneras que no van a ser pacíficas del todo, creo yo. Ojalá me equivoque. Ojalá que la gente cambie su voto y pasemos a tener otras políticas. Pero tal como viene esto, la única política es más y más ajustes. No hay otra política en el horizonte. Eso es lo que veo. La relectura de Sartre y la puesta de Eva Halac de su obra "Las manos sucias" fueron parte del origen de la novela de Martínez. (Foto de archivo del filósofo Jean Paul Sartre. EFE/Archivo/UPI)