La literatura de Luis Gusmán es la crítica a la inocencia de la narración, va contra la narración. El legado de sospecha que instituyeron Flaubert y Joyce, la maligna especulación de Macedonio y Gombrowicz, aquella del Borges en la polaridad correcta, que la nueva novela Dos extraños y la reeditada Ni muerto has perdido tu nombre, ambas por Edhasa, ponen en circulación, en distintos andariveles, por un lenguaje que se escribe y vincula a los estremecimientos del cuerpo social. Anticipando la operación Gusmán, en su cuento “Poses” post-frasquito, la totalidad de su poética, “un ladrón de estampas, un profanador de imágenes sagradas”. La palabra que decide en cada atajo que lo que se gana de un lado, se pierde del otro, en un desorden de posibilidades, en una glosa que nos arranca de la derecha reinante de los escribas del realismo infame bajo este despiadado capitalismo. Kafka y bombones en el asunto del último mail que Ricardo Piglia intercambió con Luis Gusmán. Una amistad que se gestó entre descascaradas sillas thonet, lisos cerveceros y flexiones literales, flotando las charlas de libros perseguidos, que velaba Luis de las nunca vencidas familias, patrias y propiedades escondidos en el mostrador de la seminal librería Martín Fierro, y, a la par, salidas desternillante con un Juan Salvador Gaviota bajo el brazo para encandilar a la vedette de la calle Corrientes. Otra ficción calculada que neutraliza la doxa. “A mí me fascina de Borges la relación que tiene con la lengua, en la proliferación, en las casualidades. Llamo hace unos días a María, la mujer del cantor Luis Cardei y quien me inspiró el personaje central de Dos extraños, y me recuerda que el 18 de junio se murió Luisito. Entonces, nunca me metí en la inteligencia artificial, era la primera vez, e inquiero, ¿por qué los tangos dicen 50 primaveras y 50 abriles? Y me dice porque es el verano allá ¿Y quién lo inventó? Quevedo y Góngora. Pero T. S. Eliot dice allá que abril es el mes más cruel, eso cambia toda la poesía, contesto. Y hablo, bueno, pero ¿y cuál es el mes más cruel acá? ¿sabe usted? ¿sabe cuál es? En el corazón de junio. Por mi libro. “Ah, usted es Luis, usted es Luis Thonis”, responde. Le retruco, “lamento decirle que escribía en la revista Literal, pero ya no está entre nosotros, yo soy humano”. Perdóneme, por favor, perdóneme, disculpe. Y usted asoció tan rápidamente, tan rápidamente, y tantos Luises que me metió –porque le metí Luis Cardei–, reacciona la IA, que me mareó. Entonces, digo, pero cierto junio es el mes más cruel: el 16 de junio bombardearon la Plaza Mayo con 300 muertos. El 12 de junio lo fusilan al General (Juan José) Valle en la penitenciaría de Las Heras. El 10 de junio se entrega Malvinas. Borges se muere el 14. Yo me fui a Ginebra a visitar la tumba, y antes de llegar a la tumba, hay una, no sé por qué, hay una escultura en bronce a la que sirvió de modelo el escritor de la Nouveau Roman Michel Butor. Pero no era adentro del cementerio. Afuera. Afuera, perdida, pero afuera. Yo cuando fui a ver la tumba de Joyce, me perdí también, muy joyceano eso. A Joyce le hubiese encantado. Volviendo, el 24 de junio la mano de Dios de Maradona. Se muere Gardel y, ahora, el Indio Solari. Todo lleva al signo y la puesta en cuestión de la representación, como en las novelas policiales”, cierra el novelista, cuentista y ensayista que próximamente editará su primer libro de poemas, del cual este suplemento adelanta un pasaje. —¿Cómo?
El lenguaje de los signos
En la literatura de Luis Gusmán nada ocurre por azar: una fecha, un tango, una tumba, un imitador, un nombre equivocado o una conversación con la inteligencia artificial pueden convertirse en la puerta de entrada a una trama donde la lengua siempre desconfía de sí misma. Con Dos extraños y la recuperación de Ni muerto has perdido tu nombre, el autor revisita los grandes temas de una obra que, desde hace medio siglo, desafía el realismo, interroga la memoria y convierte la escritura en una forma de escuchar aquello que persiste más allá de los vivos.











