Las maletas están hechas, la nevera medio vacía y el gas cerrado. Todo preparado para salir de vacaciones, pero surge una última duda: ¿qué hacemos con las persianas?

Bajarlas parece lo más lógico en pleno verano. La casa se calentará menos, transmitiremos la discreta impresión de que dentro no hay nada interesante mientras no estamos y las plantas quedarán más protegidas del calor de la calle. El problema es que, si tenemos plantas junto a las ventanas, dejarlas completamente a oscuras durante una o dos semanas tampoco parece una idea brillante.

Subir un poco una persiana, bajar otra, mover las plantas al pasillo o acabar agrupándolas en un rincón son recursos que nos vienen a la mente pero la realidad es que no existe una posición perfecta para todas las viviendas y todas las plantas.

Ni persianas abiertas ni oscuridad total

Lo habitual es plantear el asunto como una elección entre dos extremos: o dejamos las persianas abiertas para que las plantas tengan luz, o las bajamos completamente para que la casa no se caliente. En la mayoría de los casos, ninguna de las dos opciones es la correcta. En una ventana orientada al norte, el riesgo de sobrecalentamiento suele ser menor y podemos dejar entrar más claridad. En cambio, las ventanas orientadas al oeste reciben el sol de la tarde, que en verano puede ser especialmente duro.