Con el aval de la justicia europea a la amnistía, el secretario general de Junts, Jordi Turull, alzó una copa de cava el jueves ante la dirección del partido: “Que el próximo brindis, aquí o en la calle Mallorca, lo haga el president y los consellers”. Junts se ha acostumbrado a cambiar de sede pero se le atraganta la ausencia física del líder. Carles Puigdemont se sumó a la reunión por vía telemática, como Lluís Puig y Toni Comín, pero no se dejó ver en público. Se limitó a enfriar su regreso a Catalunya. La vuelta del líder de Junts es hoy el único comodín de la formación en un escenario preelectoral y con las encuestas en contra. Ser partido bisagra ya no suma y el efecto Puigdemont es una incógnita.Carles PuigdemontNuria Camera / TercerosEl momentum Puigdemont se ha marcado en el calendario más de media docena de veces desde que se aprobó la amnistía en junio del 2024 y, tras el aval europeo, el futuro del expresident, Oriol Junqueras y el resto de exconsellers con causas judiciales vigentes depende de un Tribunal Supremo abonado a las extravagancias jurídicas. La desconfianza se extiende al Constitucional, no porque haya dudas sobre el aval a la amnistía –ya ha sentenciado tres veces a favor, sin unanimidad, eso sí–, sino porque en Junts creen que se ha dilatado la respuesta a los recursos de amparo con propósitos políticos.Ahí deslizan desde Junts la conexión de José Luís Rodríguez Zapatero como negociador en nombre del Gobierno y el presidente del TC, Cándido Conde-Pumpido. La aplicación de la amnistía encabeza todos los catálogos de incumplimientos en la relación entre Junts y el PSOE y la defensa de Puigdemont reitera que no hay motivos jurídicos para supeditar su decisión, primero al aval europeo y, ahora, a las vacaciones. Sí los habría políticos: ¿Quién quiere gestionar la imagen del retorno de Puigdemont?El expresident y Junqueras contactaron el jueves tras confirmarse lo que consideran “una derrota evidente” del Estado, pero cada uno trabaja su propio relato. En Junts han digerido la “victoria” prevista con “sobriedad” en las formas, al margen del brindis: se reafirma la distancia con el Gobierno y se aprovecha para alimentar las recuperadas complicidades con el PNV, como demuestra el apoyo público del lehendakari, Imanol Pradales.El brindis “ya llegará”, sostienen en ERC. La comparecencia de Junqueras respaldado por la dirección y cargos buscaba ofrecer la imagen de un líder presente, en contraposición con Puigdemont, para quien tuvo un recuerdo en su intervención. La referencia no es baladí. Se buscaba trasladar también la imagen de una formación recosida en torno a su presidente, con permiso de Gabriel Rufián, el ausente en la escenificación republicana.La resolución del TJUE da más argumentos de los esperados a las defensas de los independentistas. De momento, limita la creatividad del Tribunal de Cuentas y la Audiencia Nacional, destinatarios principales del fallo. El éxito no impide que se hagan hasta análisis sintácticos para determinar si un adverbio puede dar pie a un nuevo retraso en la amnistía de la treintena de afectados en el Tribunal de Cuentas.El choque entre los jueces y Sánchez tiene a Puigdemont y Junqueras como rehenesLa victoria es “inapelable”, sostienen, pero también admiten que, acudiendo a la justicia europea, la magistrada Elena Hernáez ha logrado uno de sus objetivos: “Han pasado dos años más”. Y ya van nueve. Ahora, las defensas valoran si urgen la aplicación de la ley. Está por ver si Hernáez, que acudió al TJUE el mismo día que la ley se publicó en el BOE, actúa ahora con la misma celeridad.Descontado el visto bueno del Constitucional a partir de octubre, lo del Supremo es otra cosa. La sentencia del TJUE achica espacios, pero la capacidad de la Sala Penal para alargar el conflicto se mantiene inalterable. “Nadie puede impedirlo”, admiten en las filas independentistas. En la espera, Junqueras pide “responsabilidad” para exprimir una legislatura agónica y ampliar su carnet de logros; y Junts, alimenta su desafección hacia Sánchez. Las incógnitas por resolver ahora son cuándo vuelve Puigdemont y quién lo gestiona desde la Moncloa. Sánchez tiene el botón electoral y el Supremo, ingenio judicial. Un mano a mano que tiene a los líderes independentistas y su futuro político como rehenes.Subdirectora de La Vanguardia desde 2014. En la actualidad estoy al frente de la edición digital. He sido jefa de la sección de Política (2006-2014) . En Europa Press (1995-2006) pasé por Sociedad, Tribunales y Política.