Todo comenzó con las armas encontradas en las tumbas de antiguas princesas egipcias. Preciosas dagas, elásticos arcos, puntiagudas flechas o robustas mazas que acompañaban el ajuar funerario de mujeres de la realeza de hace unos 4.000 años. ¿Eran herramientas simbólicas o prácticas? El debate estaba servido y se alargó durante décadas.Ahora, arqueólogos de la Universidad Bein-Suef y del Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto han reevaluado las momias de cinco princesas del Imperio Medio y han demostrado que algunas de ellas eran auténticas guerreras con entrenamiento militar que incluía una gran habilidad con el arco y las flechas.Destreza y esfuerzo físico“Los miembros de la familia real, especialmente las mujeres, participaban activamente en actividades que requerían destreza y esfuerzo físico, como el tiro con arco y la caza”, explica la doctora Zeinab Hashesh, autora principal del artículo publicado en Frontiers in Environmental Archaeology.Los investigadores estudiaron momias reales halladas en la década de 1890 en Dahshur, un complejo funerario de pirámides y tumbas situado a 40 kilómetros al sur de El Cairo. Estos cuerpos habían estado perdidos durante años y se redescubrieron en el Museo Egipcio durante un proyecto de conservación en 2020.Disposición de los esqueletos de las princesas: (A) Ita, (B) Khenmet, (C) Itaweret, (D) Individuo 408, probablemente Sathathormeryt Frontiers in Environmental ArchaeologyCuatro de las seis personas eran hermanas, hijas de Amenemhat II, tercer faraón de la dinastía XII de Egipto y que gobernó entre el año 1915 y el 1880 antes de Cristo. Los restos de las jóvenes fueron enterrados en cámaras subterráneas totalmente idénticas.La princesa Ita junto a la princesa Khenmet, y la princesa Itaweret junto a una mujer anónima identificada provisionalmente como la princesa Sathathormeryt. Todas fueron sepultadas con objetos como arcos y flechas, tradicionalmente asociados a los hombres.Lee tambiénEl ataúd de la princesa Ita contenía, por ejemplo, una daga particularmente hermosa. También había insignias similares que habían sido enterradas con los otros dos miembros de la realeza evaluados: la princesa Noub-Hotep y el rey Hor (que reinó del 1739 al 1737 antes de Cristo).Aunque las seis personas habían sido cuidadosamente momificadas, el tejido blando se había pulverizado y algunos huesos no se conservaron. Esto incluye los cráneos de las princesas, que se perdieron a principios del siglo XX. Los huesos restantes, sin embargo, se encontraban en buen estado.(A) Daga de la princesa Ita, (B) Flechas de la princesa Noub HotepSameh Abdel Mohsen / Museo Egipcio / Eman ShawkyLos arqueólogos pudieron estimar la edad, la estatura y el sexo de los individuos al morir, así como descubrir indicios de enfermedades o lesiones. “Ita era una mujer joven de entre 28 y 34 años con una fuerte musculatura en la parte superior del cuerpo, lo que sugiere que solía usar armas como mazas o dagas”, afirma la doctora Hashesh.“La princesa Khenmet tenía entre 30 y 40 años y mostraba signos de adelgazamiento óseo, pero con ligamentos muy robustos. Itaweret era más joven, de entre 20 y 34 años. Sobrevivió a fracturas de costillas y de pie. Su esqueleto demuestra que era una arquera experta”, añade en un comunicado la investigadora egipcia.Robusta musculaturaLa robusta musculatura de los huesos de las hermanas indica que eran muy activas físicamente, lo que concuerda con el uso de las armas encontradas en sus tumbas. Evidencia similar muestra que la princesa Noub-Hotep y el rey Hor también eran arqueros.“Encontramos un desarrollo pronunciado en las extremidades superiores de estas personas, lo que se correlaciona con acciones repetitivas y de alta intensidad, como tensar la cuerda de un arco o estabilizar un arma, lo que demuestra que estas actividades eran habituales a lo largo de sus vidas”, afirma Hashesh.(A) Disposición de los restos óseos del rey Hor (Au-ib-Re), (B) Disposición de la disposición de los príncipes Noub Hotep Frontiers in Environmental Archaeology“Esto explica directamente la presencia de arcos, flechas y mazas en las tumbas de las mujeres; no se trataba solo de regalos simbólicos, sino de herramientas que utilizaban activamente”, añade la arqueóloga de la Universidad Bein-Suef.Las lesiones, como las costillas rotas de la princesa Itaweret —probablemente causadas por un golpe o una caída desde una altura—, eran comunes. Varios presentaban infecciones y deficiencias nutricionales. Las hermanas también compartían raras anomalías en la columna vertebral, lo que indica que sus padres y familiares estaban estrechamente emparentados.Estatua del rey Hor, expuesta en el Museo Egipcio de El Cairo Wikipedia“Estas lesiones –dice Hashesh- habrían sido causadas por accidentes, caídas, golpes fuertes u otros impactos relacionados con un estilo de vida activo, ya fuera por la caza, el entrenamiento militar u otras actividades exigentes. Lo notable es que sanaron bien, lo que sugiere que tenían acceso a atención médica avanzada para su época”.Los investigadores señalan, sin embargo, que la pérdida de los cráneos de las princesas limita sus análisis. Tampoco han podido realizar aún todos los estudios previstos, como el control de isótopos estables, que podría arrojar más luz sobre posibles deficiencias nutricionales.“Los objetos y joyas de esa familia real son verdaderamente fascinantes, de una artesanía impresionante. Pero los arqueólogos se han centrado durante mucho tiempo en preservar estos tesoros y se ha olvidado a las personas mismas”, concluyen los investigadores.Periodista