En las próximas semanas los mercados financieros internacionales estarán influenciados por dos fuerzas de sentido opuesto. La primera es de carácter geopolítico y representa el principal riesgo para los inversionistas; la segunda proviene de la fortaleza de los resultados corporativos, sobre todo del sector tecnológico, y constituye el principal soporte para las bolsas estadunidenses.
La corriente negativa está asociada al conflicto en el Medio Oriente. Mientras persista la incertidumbre sobre la estabilidad de la región y la seguridad del tránsito marítimo por el estrecho de Ormuz, el precio del petróleo permanecerá bajo presión. Un incremento sostenido en los precios de la energía volverá a alimentar las presiones inflacionarias a escala mundial y obligará a los principales bancos centrales a actuar con mayor cautela respecto a futuros recortes en las tasas de interés. Incluso, si el escenario se complicara de manera significativa, no puede descartarse una postura monetaria más restrictiva.
Este entorno tendrá consecuencias directas sobre las valuaciones bursátiles y, al mismo tiempo, implicará una moderación del crecimiento económico mundial.
Por fortuna, la otra gran fuerza que hoy mueve a los mercados apunta en sentido contrario. Los resultados corporativos continúan sorprendiendo favorablemente. Las empresas que integran el S&P 500 registraron durante el primer trimestre un crecimiento cercano a 29 por ciento en utilidades respecto al mismo periodo del año anterior, acompañado de un incremento aproximado de 11 por ciento en ventas.






