De admirar a la selecci�n nacional se puede pasar a reconocer la val�a de tantas buenas empresas. Lo espa�ol tiene mucho que decir en servicios financieros, grandes proyectos y marcas de lujo al igual que lo tiene la selecci�n nacional en ese fabuloso 'big business' que es lo que organiza la FIFA.Espa�a tiene el domingo al alcance de la mano ganar la copa del Mundial de F�tbol m�s fastuoso en la historia de la competici�n. El ganador de la Copa de Europa de Naciones hace dos a�os se medir� contra Argentina que aspira a retener la del mundo que gan� en 2022. El mejor equipo nacional del viejo continente se enfrenta al mejor del nuevo mundo que Espa�a descubri� y evangeliz�. Lo mejor del juego global habla espa�ol y Espa�a est� en boca de todos los europeos.El tan deseable triunfo de Espa�a frente a Argentina pasado ma�ana crear� una clara percepci�n en su entorno de lo que es esta anciana naci�n y de lo que da de s�. Espa�a se convierte en el pa�s de �xito que ha tomado el relevo a Alemania, Francia, Inglaterra e Italia, las potencias futboleras europeas que han dejado de serlo. Espa�a, que a lo largo de este a�o habr� recibido a m�s de cien millones de visitantes, es el pa�s de moda.Si Espa�a levanta la Copa del Mundo en el atardecer del domingo se deber�a poner fin de una vez por todas a la saga de t�picos que tanto han penalizado a estos pagos abandonados que desprecian cuanto ignoran. Antes era Alemania la que jugaba como una perfecta y poderosa m�quina, Italia la de las genialidades, Inglaterra la del tes�n y Francia la que aplicaba m�todo y raz�n al campo de juego. Ahora todo eso que caracterizaba a los otros goza de buena salud entre Hendaya y un Gibraltar que ya no tiene verja.Se ha de tener en cuenta el extraordinario poder�o que ejerce el deporte rey en la imaginaci�n global. La selecci�n de cada pa�s retrata lo que es. Los noruegos se marcharon del mundial transfronterizo de las am�ricas habiendo creado la imagen de los peleones vikingos que son y los alemanes, cabizbajos, como la de un pa�s que ha perdido la br�jula que lo orientaba. La imagen de Espa�a est� sembrada de lugares comunes negativos y estos en una gran parte los est� eliminando La Roja.En un mundo donde el f�tbol cuenta tant�simo, un pa�s cuya selecci�n de astros gana la Eurocopa de f�tbol y que dos a�os despu�s est� pr�ximo a coronarse campe�n mundial merece mucho respeto. Y esto es justamente lo que Espa�a ha echado en falta desde que su Edad de Oro pas� a ser un lejano recuerdo.Hoy se pone la necesaria pica en Flandes llenando los estadios de hinchas que se pintan las caras con los colores nacionales. Unos nuevos y tambi�n imbatibles tercios les har�n y estallar de j�bilo a base de jugadas que acaban en gol. Ganar campeonatos, como antes se ganaban guerras, est� reservado a una naci�n que rebosa talento y que, tambi�n, cuenta con la disciplina que se requiere para encauzar hacia el �xito las cuantiosas habilidades con las que cuenta.Como sabe hasta el que no sabe nada de f�tbol ni quiere saber nada de ello, el pasado martes en la primera semifinal del mundial 2026 Espa�a elimin� con eficacia a Francia. Fue una humillaci�n para los franceses que han mirado a Espa�a por encima del hombro desde hace trescientos a�os en un ejercicio de altaner�a que refinaron sus ilustrados antepasados.Voltaire ya decret� que Espa�a era el "pa�s de la pereza". Y antes que �l, Montesquieu sentenci� que en Espa�a el que "permanece sentado diez horas del d�a obtiene el doble de consideraci�n que el que solo est� cinco". De ah� a decir que "�frica empieza en los Pirineos" hay solo un peque�o paso.Y de ah� vienen los lugares comunes tan perjudiciales. Sin embargo, lo que no olvidan los que s� saben algo de f�tbol es que Espa�a ya le neg� a Francia el pase a la final de la Eurocopa en 2024, final que Espa�a gan� frente a Inglaterra. Llueve sobre mojado en los encuentros entre los dos pa�ses vecinos y la superioridad de Espa�a ante Francia es indiscutible. Lo es al menos en el f�tbol, que es el espejo en el cual se mira una gran parte de la humanidad.De vencer a Argentina, los ingleses seguramente tambi�n hubieran sucumbido en la final ante Espa�a el domingo como ocurri� en la Eurocopa. Y esto tiene su miga porque los ingleses tampoco se han quedado atr�s a la hora de crear t�picos generalmente hirientes acerca de Espa�a.El duque de Wellington, que fue el comandante en jefe de la tropa durante la Guerra de Independencia, cre� uno que ha persistido a lo largo del tiempo. En sus despachos al ministerio de la Guerra en Londres Wellington se quejaba con frecuencia de lo que llamaba el impractability, la ausencia de sentido pr�ctico de los pol�ticos y de los mandos militares espa�oles.Los "padres de la patria" que se hab�an reunido en las Cortes Constituyentes de C�diz le sacaban de quicio a Wellington tanto m�s que los capitanes generales de las distintas regiones militares. "�Qu� se puede hacer por esta naci�n perdida?", escribi� Wellington a sus superiores en Inglaterra. "No se puede pensar que recluten hombres o procuren abastecimientos, ni en la adopci�n de medida alguna que pudiera capacitarles para proseguir la guerra".M�s de veinte a�os despu�s, cuando ya hab�a estallado la primera Guerra Carlista, un joven arist�crata ingl�s llamado Richard Ford, gran admirador de Wellington, puso en circulaci�n los t�picos de su h�roe cuando recorri� Espa�a visitando los campos de batalla de lo que los brit�nicos conocen como la Guerra Peninsular.En un monumental libro sobre sus peripecias hispanas que influenci� much�simo a posteriores extranjeros que escribieron sobre Espa�a, Ford explic� a sus lectores que los espa�oles constitu�an un pueblo noble y estupendo que ten�a la secular mala fortuna de padecer malos gobiernos. Los espa�oles eran "cuerpos atados por una soga de arena".Impractability explica c�mo Espa�a se "salt�" el Siglo de la Luces que era el de Voltaire, c�mo fracas� el liberalismo a lo largo del siguiente y c�mo se propag� el incivismo durante buena parte del XX. Es la narrativa de una sociedad que vive penosamente al margen de las corrientes europeas. Carga con un sentimiento tr�gico de la vida y, debido a su aislamiento, es un pueblo retrasado y pobre.El f�tbol lo puede cambiar todo. No convierte Espa�a en un pa�s bello, agradable y hospitalario. Eso ya lo conocen de sobra los turistas, sobre todo los ingleses y los franceses, que masivamente y en creciente n�mero aterrizan en Espa�a en cuanto tocan las vacaciones. Lo que ocurre es que, adem�s, Espa�a constituye una sociedad vital que funciona. Es alegre, limpio y eficaz como lo es su selecci�n nacional.Esto lo saben los franceses porque la Roja les dio una paliza en la semifinal de la Eurocopa de 2024 y de nuevo en la del Mundial el martes. Y lo saben los ingleses porque recibieron la correspondiente paliza en la final de aquel campeonato europeo y porque hasta siete de los jugadores de la selecci�n espa�ola militan en clubes de la Premier.Con algo se empieza y de admirar a la selecci�n nacional se puede pasar a reconocer la val�a de tantas buenas empresas espa�olas que, sobre todo en Reino Unido, triunfan en el exterior. Lo espa�ol tiene mucho que decir en servicios financieros, en grandes proyectos de infraestructura y en marcas de lujo al igual que lo tiene la selecci�n nacional en ese fabuloso big business que es lo que organiza la FIFA.No es que ya unos y otros de fuera les hablen de t� a t� a los espa�oles. Es que se dirigen a ellos con respeto. Espa�a, por su parte, ha de perder los complejos que tuvo y que en cierta manera sobreviven debido a los t�picos.La trist�sima iron�a es que esta imagen tan espectacular de Espa�a hacia el exterior que han creado sus �dolos del balompi� coincide con un mal Gobierno, un fallo tremebundo de las elites pol�ticas que es semejante al que denunciaban aquellos forasteros que fueron los viajeros rom�nticos del XIX, tambi�n llamados los Curiosos Impertinentes.Tales alegaciones no son ninguna impertinencia como tampoco son una novedad. Es solamente constatar la ausencia de pragmatismo de un Gobierno atado de pies y manos por las imputaciones de corrupci�n que es incapaz de conseguir la aprobaci�n parlamentaria de su techo de gasto y que se niega a convocar las elecciones anticipadas que demandan amplias capas de la poblaci�n.