Actualizado Viernes,

julio

00:21Europa est� envejeciendo. La gente no tiene tantos hijos como antes. Hemos pasado de 6,8 millones de nacimientos en 1964 a 3,5 millones en 2024. Esta situaci�n, de la que tanto se habla, plantea una larga lista de desaf�os reales para la UE. �Qui�n trabajar� para pagar las pensiones? �Qui�n se ocupar� de las personas mayores? �Qui�n innovar� y crear� empresas competitivas? La l�nea del gr�fico relativa a la natalidad est� descendiendo, y todo apunta a que es inevitable. Como el destino.En mi condici�n de comisaria europea responsable de Demograf�a durante los �ltimos siete a�os, puedo afirmar una cosa: el cambio demogr�fico ya es una realidad. Sin embargo, no tenemos por qu� aceptarlo como un destino irreversible. Por muy complejo que sea, contamos con los instrumentos de intervenci�n necesarios para afrontarlo y transformarlo en una aut�ntica oportunidad para actuar.Perm�tanme, pues, repetirlo: Europa est� envejeciendo. Y esto puede ser una buena noticia. En parte, porque se debe a que la esperanza de vida sigue aumentando. Hoy en d�a, la esperanza de vida de un ni�o que nace en Europa ya es superior a los 80 a�os. Para 2100, es probable que las mujeres sobrepasen los 90 a�os de edad. Habr� m�s nietos que puedan conocer a sus abuelos y disfrutar de su compa��a. Surgir�n nuevos mercados para productos destinados a mejorar la longevidad. Cada vez m�s personas podr�n beneficiarse de las innovaciones en los �mbitos de la asistencia sanitaria, la tecnolog�a o los servicios financieros. Todo ello significa que habr� una mayor actividad econ�mica, especialmente por lo que respecta a la econom�a plateada.Paralelamente, la tasa de natalidad est� disminuyendo en toda la UE, y esto supone un problema. La reducci�n de la poblaci�n activa pone en tela de juicio la sostenibilidad de los presupuestos p�blicos para servicios esenciales como la sanidad, la educaci�n y las pensiones. Debemos, por tanto, reconsiderar la forma de financiar estos sistemas, velando, eso s�, por que los ajustes no acaben sobrecargando a las generaciones m�s j�venes. El riesgo de pobreza para los adultos j�venes ya duplica al de quienes se aproximan a la edad de jubilaci�n, de modo que cualquier soluci�n concreta que adoptemos tendr� que basarse en la solidaridad intergeneracional.Un punto fundamental es que es posible afrontar estos desaf�os con medidas s�lidas y basadas en datos contrastados, como se pone de manifiesto en nuestro nuevo informe sobre la demograf�a, elaborado bajo la direcci�n del Centro Com�n de Investigaci�n de la Comisi�n Europea.Por ejemplo, el envejecimiento en condiciones de buena salud y la asistencia sanitaria preventiva suponen ventajas. Las personas que llevan una vida m�s saludable necesitan menos apoyo y recursos y pueden seguir contribuyendo a sus comunidades durante m�s tiempo. Esta l�gica ha sido un elemento central en la labor de la UE para crear una Uni�n Europea de la Salud y luchar contra el c�ncer, por ejemplo. Y es que, por cada euro invertido hoy en prevenci�n, ahorramos 14 euros en asistencia sanitaria y costes de productividad para el ma�ana.Otra de las piezas del rompecabezas es la vivienda. Se trata de un indicador clave de estabilidad y bienestar, a menudo considerado una condici�n previa para que las familias puedan tener hijos. El acceso a la propiedad en la poblaci�n de entre 25 y 35 a�os disminuy� un 16,3 % entre 2007 y 2024. A este respecto, cabe destacar el Plan Europeo de Vivienda Asequible, de 2025, que constituye nuestra primera estrategia para ayudar a los Estados miembros a hacer frente al problema.Tambi�n la migraci�n desempe�a un papel importante. Cierto, se debe seguir gestionando de manera responsable y dentro del marco jur�dico adecuado, pero puede ayudarnos a suplir las necesidades espec�ficas del mercado de trabajo a corto plazo.Lo mismo podr�a decirse del aumento de la participaci�n en el mercado laboral. En la actualidad, aproximadamente el 20 % de la poblaci�n de la UE en edad de trabajar se encuentra fuera del mercado de trabajo. Hay 37 millones de mujeres en edad laboral desempleadas o inactivas. M�s de 4 millones de personas son desempleados de larga duraci�n. Si todos los Estados miembros alcanzaran las tasas de actividad de Suecia -las m�s elevadas de la UE-, el efecto adverso del envejecimiento sobre el tama�o de la poblaci�n en edad laboral podr�a neutralizarse casi por completo.El conjunto de instrumentos sobre demograf�a que present� en 2023 ya proporciona a los Estados miembros una completa gama de herramientas de intervenci�n de la UE para hacer frente a estos desaf�os. Se trata de soluciones concretas, pero tenemos que asegurarnos de que se apliquen, y no deber�amos detenernos ah�, sino dar un paso m�s all�.Los desaf�os a los que nos enfrentamos tambi�n requieren un seguimiento y una coordinaci�n minuciosos a largo plazo. Por ese motivo, estoy a favor de la creaci�n de una agencia europea de demograf�a que sea eficaz, que apoye el trabajo de los organismos nacionales y colme la brecha entre los datos y las pol�ticas que se quieren aplicar. El Foro Europeo sobre Demograf�a, que convocaremos por primera vez el pr�ximo a�o y en el que se dar�n cita todas las partes interesadas pertinentes, abordar� dicha brecha. Si trabajamos apoy�ndonos en los hechos, podremos estar seguros de que nuestras estrategias responden a las necesidades reales de las personas.Para quienes vivan m�s a�os, nuestra obligaci�n es garantizar que dispongan de los medios para llevar una vida plena, con buena salud, aportando valor a la sociedad, incluso en la tercera edad. En cuanto a los m�s j�venes, debemos asegurarnos de que cuenten con las condiciones propicias para tener hijos cuando se sientan preparados para comenzar esa etapa.No hay atajos. Y, aunque ser� una labor ardua, la UE est� dispuesta a colaborar: con la vista puesta en nuestro futuro, sin dejar de actuar ahora, en el presente.