Durante décadas, la demografía fue un dato de contexto. La cantidad de nacimientos, la expectativa de vida y la composición etaria de la población aparecían en informes y proyecciones, pero pocas veces ingresaban de manera directa en la agenda política, económica o empresarial.

Ese escenario está cambiando. La caída de la natalidad y el envejecimiento poblacional comienzan a modificar actividades concretas y, hacia adelante, obligarán a repensar cuestiones centrales para el funcionamiento de los Estados: desde el sistema educativo y la salud hasta el mercado laboral y las jubilaciones.

Uno de los datos que permite dimensionar el cambio es que, hacia 2050, se estima que uno de cada tres trabajadores tendrá alrededor de 65 años. La participación de personas mayores en el mercado laboral crecerá, mientras que las generaciones jóvenes serán proporcionalmente menos numerosas.

Para Andrea Falcone, directora y cofundadora de The Shift, una ONG que trabaja con empresas y gobiernos en la adaptación a los desafíos demográficos, el principal error es pensar que se trata de un fenómeno demasiado lejano. “Creo que era uno de cada tres trabajadores va a tener cerca de 65 años en poco tiempo. No hablamos de medio siglo, estamos a 20 o 25 años. Y parece como que el largo plazo falta un montón, pero no falta nada. Vos pensás: ‘Bueno, en 25 años hay otro mundo’, pero ese mundo ya está impactando. La cantidad de gente que hoy tiene 65 años y está trabajando va a ser el doble en 25 años. Pero ya se duplicó desde 1980 y el período ahora se acelera mucho más”, advierte.