16/07/2026 05:00 Actualizado a 17/07/2026 07:07 Piense lo que piense cada uno de la sentencia contra el hermano de Pedro Sánchez, creo que se ha abierto un nuevo espacio de confrontación en este contexto tan polarizado en el que algunos y algunas podrían salir muy mal parados. Porque si nos atenemos a la sospecha, no demostrada en el juicio, de que David Sánchez fue, al fin, un “enchufado” por influencia de un tercero, basta ver la nómina de familiares, amigos y vecinos “colocados” en diversas administraciones para comprobar que la praxis de entregar un sitio donde posar el respetable por tener consanguineidad, relación sentimental o amistad, con el líder es una metodología bastante común en esta nuestra geografía. Podría citarles, ahora mismo, una veintena de nombres, hombres y mujeres, cuya ubicación en la administración autonómica valenciana y en varios ayuntamientos importantes responde, única y exclusivamente, a una complicidad - familiar, personal o de militancia - con el líder de turno, sin que por ello se hayan realizado denuncias o juicios. Y quede claro que no estamos cuestionando su profesionalidad, porque los hay capacitados: pero su mérito para haber ocupado plaza ha sido a criterio de parte, es decir parcial, exclusivamente de quien gobierna y manda.El hermano del presidente del gobierno David Sánchez (Ballesteros / EFELos periodistas, además, solemos conocer de facto quién ocupará determinados cargos antes incluso de que se anuncien oficialmente. Y cuando el pronóstico falla, casi siempre se debe a que el responsable político ha perdido la confianza en el candidato inicialmente previsto, no en una evaluación objetiva de capacidades o méritos, que rara vez se produce en estos nombramientos. Basta con observar la interminable nómina de cargos de confianza que existen en la Generalitat Valenciana, en la catalana, en la Comunidad de Madrid o en los grandes ayuntamientos españoles, como ejemplos, para confirmarlo.¿Saben ustedes que un asesor del Ayuntamiento de València puede llegar a cobrar más que un conseller de la Generalitat Valenciana? Ocurre también en otras muchas administraciones locales. Y, sin embargo, esos asesores no asumen la responsabilidad política ni el desgaste público que supone gestionar un departamento con miles de funcionarios y cientos de millones de presupuesto. Les diré más. En casi cuarenta años de oficio he visto cómo cada nuevo gobierno prometía adelgazar la estructura de asesores por considerarla un gasto superfluo para, pocos meses después, ampliarla e incluso superar el número heredado de sus predecesores, como ha sucedido con el actual del PP. Tampoco los gobiernos progresistas han sido ajenos a esa tentación.Porque no se trata de una práctica vinculada a un partido o a una ideología. La hacen todos. De hecho, cuando se produce un cambio político, muchos ya sabemos qué antiguos asesores volverán a encontrar acomodo, gobierne el PSPV, el PP, Compromís o, también, Vox. Y si ese destino está en una empresa pública, mejor todavía: suelen ser puestos mejor retribuidos y mucho más alejados del foco mediático.Ni siquiera entro en el viejo y poco edificante asunto de los contratos públicos adjudicados durante años a determinadas empresas con excelentes relaciones políticas, una práctica que tantas investigaciones judiciales y tantos casos de corrupción han acabado generando. Ahí hay material suficiente para ampliar aquella magnífica trilogía que Ferran Torrent dedicó al empresario Juan Lloris.No discuto la sentencia contra David Sánchez ni la responsabilidad que los tribunales hayan apreciado en su caso. Lo que me parece desproporcionado es convertir un episodio concreto en la gran causa nacional mientras se mira hacia otro lado ante un sistema de designaciones discrecionales que ha funcionado con absoluta normalidad durante décadas. Porque si de verdad se decidiera aplicar el mismo escrutinio a todos los casos similares que han jalonado la vida política española, la lista sería tan extensa que los tribunales tendrían trabajo hasta bien entrado el próximo siglo. Quizá entonces descubriríamos que el verdadero problema nunca fue un solo enchufado, sino haber acabado aceptando el enchufe como una forma más de ejercer el poder.Licenciado en Ciencias de la Información por la UAB y Doctor en Comunicación por la UV. Delegado en València y redactor jefe de La Vanguardia desde 1991
Hablemos de “enchufados”, por Salvador Enguix
Piense lo que piense cada uno de la sentencia contra el hermano de Pedro Sánchez, creo que se ha abierto un nuevo espacio de confrontación en este contexto tan polarizado en el que algunos y algunas podrían salir muy mal parados. Porque si nos atenemos a la sospecha, no...












