Casi ocho de cada diez viviendas en España tienen contratada más potencia eléctrica de la que su día a día realmente consume, un desajuste que se traduce en un sobrecoste fijo mes tras mes sin que la mayoría de los usuarios sea consciente de ello. El dato, que sitúa el fenómeno en el 78% de los hogares, responde a una combinación de desconocimiento, costumbre y falta de incentivos por parte de las propias compañías para que el cliente revise su tarifa.Un desconocimiento que sale caroLa raíz del problema, según explica Elisabet Ruiz-Dotras, profesora de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC, no está tanto en la mala fe del consumidor como en la falta de información. Nadie explica al ciudadano medio cómo calcular la potencia que su vivienda necesita, ni que esa cifra puede cambiar con los años a medida que se incorporan nuevos electrodomésticos. A eso se suma una segunda capa, la inercia. Cuando una familia compra o alquila una casa, mantiene por defecto la potencia que ya venía contratada, muchas veces por miedo a que salte la luz si se reduce.Las compañías eléctricas, por su parte, tampoco tienen mucho interés en romper esa dinámica. Mientras el cliente no pida una revisión, la factura sigue llegando inflada mes tras mes, sin que nadie del otro lado del teléfono le sugiera lo contrario.Cómo averiguar el consumo realEl primer paso para corregir el desajuste, según detalla Ruiz-Dotras, pasa por mirar hacia atrás. “Un ciudadano aquí puede consultar la aplicación o la web de su distribuidora, en sus facturas, cuál es el consumo que ha hecho cada mes”, apunta la profesora. Cuando esa información no aparece con claridad, existe también una vía pública, independiente de la comercializadora, donde queda reflejado con detalle el histórico de kilovatios consumidos, incluyendo los distintos tramos horarios según el tipo de contrato.Una vez localizado el consumo máximo registrado, la recomendación no es ajustar la potencia a ese límite exacto, sino dejar un pequeño margen por encima. La razón es sencilla, ya que el histórico refleja lo que ha ocurrido hasta ahora, pero no garantiza que en algún momento no coincidan encendidos varios aparatos a la vez. “La idea es contratar una mica de más, para que si algún día enchufas todo a la hora no te salte la luz”, resume la docente, que insiste en que ese colchón evita sustos innecesarios sin encarecer demasiado el recibo.El riesgo de pasarse de frenadaBajar la potencia no está exento de riesgos, y ahí es donde muchos usuarios se echan atrás. El principal peligro de equivocarse a la baja es sufrir cortes constantes del diferencial cada vez que se supera el límite contratado, algo que además puede tener un coste económico según la compañía. “El riesgo principal es que te salte este diferencial”, advierte Ruiz-Dotras, que recuerda además que las distribuidoras suelen limitar a una sola modificación anual, tanto al alza como a la baja.Esa restricción obliga a pensar bien el cambio antes de hacerlo, porque volver atrás no siempre es inmediato. “Depende de la distribuidora, hay quien para subir de potencia no cobra nada, y hay quien sí”, explica la profesora, que añade que en general todas coinciden en un punto, y es que “el cambio de potencia, tanto al alza como a la baja, lo puedes hacer una vez al año y ya está”. Quien ajusta demasiado a la baja y luego necesita recuperar potencia puede encontrarse con trámites o esperas adicionales, algo que conviene calcular con margen antes de mover el contrato.El espejismo de las tarifas por tramosEn los últimos meses ha ganado terreno la posibilidad de contratar potencias distintas según el horario, diferenciando entre las horas punta y las horas valle. Sobre el papel resulta atractivo, aunque en la práctica solo compensa a quienes concentran de forma muy estricta sus consumos más intensos, como poner la lavadora o el horno, en franjas concretas del fin de semana o de la tarde noche.Para el resto de hogares, someterse a esa disciplina horaria puede resultar poco realista. Las rutinas familiares cambian según la temporada, el teletrabajo o simplemente el cansancio del día, y forzar una gestión tan minuciosa acaba generando más fricción que ahorro. La recomendación de fondo, insiste Ruiz-Dotras, no pasa tanto por complicar el contrato con distintos tramos como por ajustar la potencia general a lo que la vivienda realmente necesita, con un margen de seguridad razonable, ya que los cambios frecuentes de tarifa tienen costes que pueden acabar comiéndose el ahorro que se pretendía conseguir.El contexto que aprieta la facturaEl problema del sobrecoste por potencia se produce, además, en un momento en que la factura eléctrica ya viene presionada por otros frentes. Según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística, el indicador adelantado de precios de junio se mantuvo en el ”3,2%” interanual, con la energía como uno de los componentes que más empuja al alza tras la retirada de las rebajas fiscales que hasta hace unas semanas suavizaban el recibo. En ese escenario, cualquier ajuste que dependa directamente del propio usuario, como es el caso de la potencia contratada, cobra un peso mayor del habitual sobre el presupuesto familiar.El fenómeno no distingue territorios, y en hogares de Catalunya, como en el resto del Estado, la revisión del contrato eléctrico empieza a aparecer entre las recomendaciones más repetidas por asesores de consumo y organizaciones de defensa del usuario. Se trata, al fin y al cabo, de una gestión que no exige inversión alguna, solo un rato delante del ordenador y la voluntad de dejar de pagar por una energía que nunca llega a encender ningún electrodoméstico.Revisar el contrato no cambiará de golpe la economía de una familia, pero sí puede marcar la diferencia entre pagar exactamente lo que se consume o seguir financiando, mes tras mes, un margen que nadie utiliza.