Esa llamada insistente a la hora de la siesta con una oferta “irrechazable” de una compañía eléctrica o telefónica forma parte del día a día de muchos hogares. Ante la complejidad de un recibo que a veces parece escrito para no ser entendido, la pregunta legítima de los consumidores es cómo saber si realmente es posible ahorrar al cambiar de comercializadora.

Para poder valorar un posible cambio, el primer paso es desgranar cada uno de los gastos. “Una parte de lo que pagamos en la factura de la luz es lo que consumimos y la otra parte, que llega casi al 50%, son peajes y cargos”, señala Soledad Montero, experta en energía de la Federación de Consumidores y Usuarios CECU y Activa tu poder, la nueva campaña de la UE para ayudar a los ciudadanos a comprender y aprovechar mejor sus derechos energéticos.

Es decir, elijamos la empresa que elijamos, una parte de los costes son inamovibles, “los determina el Gobierno y son idénticos en todas las compañías”, aclara la experta, que detalla que sufragan desde el mantenimiento de las redes hasta las primas a las renovables o el déficit de tarifa.

Si casi la mitad del recibo es fijo, el margen de maniobra del consumidor se concentra en la otra mitad: el precio de la energía y el margen que se queda la comercializadora. Para Montero, la primera decisión es entre el mercado libre y el mercado regulado.