La economía española afronta la segunda mitad de 2026 con una posición más sólida que la del conjunto de la Eurozona, impulsada por la fortaleza del empleo y del consumo, unos balances privados más saneados y una mayor diversificación de su sector exterior. Sin embargo, el principal desafío ya no será sostener la demanda, sino reforzar la capacidad productiva para mantener el crecimiento en los próximos años.Esta es una de las principales conclusiones de la 39ª edición del Informe Económico y Financiero de Esade, elaborado con el apoyo de Banco Sabadell y dirigido por el profesor Omar Rachedi. El estudio sitúa el crecimiento del PIB español entre el 2,2% y el 2,3% en 2026, prácticamente el doble del 1,1% previsto para la Eurozona, y no descarta revisar ligeramente al alza esta previsión antes de finalizar el año.
Los autores consideran que España ha demostrado una mayor resiliencia frente a la incertidumbre internacional gracias al dinamismo del mercado laboral, el consumo privado, el turismo, la ejecución de los fondos europeos y el fortalecimiento de los balances de hogares y empresas. Pero el optimismo tiene un límite ya que advierten de que estos motores empiezan a mostrar signos de agotamiento.







