La economía española afronta la segunda mitad de 2026 con una posición más sólida que la del conjunto de la Eurozona, impulsada por la fortaleza del empleo y del consumo, unos balances privados más saneados y una mayor diversificación de su sector exterior. Sin embargo, el principal desafío ya no será sostener la demanda, sino reforzar la capacidad productiva para mantener el crecimiento en los próximos años.