14 de julio, 2026 - 06h00La era petrolera del Ecuador ha llegado a su fin. En días pasados una publicación especializada como es Análisis Semanal dio cuenta de este hecho histórico. En abril el país registró un déficit en el comercio exterior de hidrocarburos. Hemos comenzado a importar más recursos energéticos que lo que exportamos, en otras palabras. Esta balanza negativa se da a pesar de no haber mediado ruptura alguna del sistema de transporte por oleoducto, movilizaciones o ataques terroristas. Es posible, ciertamente, que esta balanza negativa de hidrocarburos pueda revertirse en un futuro próximo, pero probablemente sea algo transitorio. El déficit de esa balanza al parecer será en adelante una nota permanente de nuestra economía. Esta tendencia es por lo demás una situación que se ha venido gestando por años y en el que han concurrido factores tanto endógenos como externos, tanto políticos como tecnológicos, jurídicos como sociales. Esta realidad es al final del día un espejo de nuestra sociedad, de las limitaciones de sus élites. Porque de haber petróleo bajo tierra, claro que lo hay. Pero una suma de errores nos ha llevado a dejar de aprovecharlo. Aún late en la memoria de muchos ecuatorianos aquella lejana mañana del 26 de junio de 1972 en la que un barril de petróleo encaramado en un tanque de guerra viajó a la cabeza de un desfile cívico militar que se desplegó desde la plaza de Santo Domingo, ubicada en el centro de Quito, para tomar luego la avenida Diez de Agosto hasta llegar al Colegio Militar Eloy Alfaro, situado en el norte de la capital. Al arribar allí el desfile, el barril fue entregado con toda ceremonia a las autoridades de dicho colegio para que sea depositado en el Templete de los Héroes de esa institución. Uno de los episodios más ridículos que registra nuestra historia (probablemente habría que llevar un ejemplar del citado Análisis Semanal en el que se da cuenta de nuestra reciente balanza deficitaria de hidrocarburos para que descanse junto al famoso barril de petróleo, si es que aún sigue allí). Nadie será pobre. Todos seremos ricos. Se les dijo a los ecuatorianos. Pero allí no terminó la cosa. Al gobierno militar de entonces, liderado por un general nacionalista, se le ocurrió la idea de enviar un barril de petróleo a cada una de las 18 provincias que dividían al Ecuador de entonces como un mensaje de unidad nacional (quién sabe que final hicieron esos barriles…).El boom petrolero ecuatoriano impactó decididamente en la economía y política de nuestro país. El Estado, por primera vez quizás en su historia, obtuvo enormes ingresos sin tener que depender para ello de extracciones fiscales sobre actores económicos privados. Esta autonomía que ganaría el Estado frente a grupos económicos que históricamente merodeaban la caja fiscal como enloquecidos, prometía la implantación de políticas públicas que conduzcan a un desarrollo más equitativo de la sociedad. Y mucho de ello se logró. Una clase media emergió a la sombra del árbol petrolero.Pero lamentablemente el boom petrolero de los 70 al pasar de los años y décadas se fue esfumando hasta llegar al día al presente escenario. ¿Aprenderemos de los errores que cometimos todos estos años, o volveremos a incurrir en ellos? ¿Le espera a la minería una historia semejante? (O)