21 de julio, 2026 - 07h30Mi anterior columna sobre el ocaso del boom petrolero de nuestro país suscitó algunos comentarios de varios lectores. Uno de ellos, por ejemplo, sugiere que el fin de nuestro boom petrolero no lo ha marcado el reciente déficit de la balanza comercial de hidrocarburos, sino que debemos retroceder el reloj algunos años atrás. Para este lector, el declive en realidad habría comenzado allá por 2012, luego de que el país había alcanzado ese año el récord de producción de 565.000 barriles. A partir de entonces, la producción de petróleo comenzó a disminuir sin que esa caída haya podido detenerse. No se ha podido ni siquiera producir petróleo incremental; es decir, no se ha podido compensar la declinación de la mayoría de los campos tradicionales. Es más, ya no existiría la posibilidad de reversar, ni aun temporalmente, el mencionado déficit comercial. Si bien la fecha del deceso petrolero da para debatir, en lo que no hay discusión es que ya no somos una nación petrolera. Y no lo somos en buena medida por varios errores que hemos cometido. Pero más grave aún es que no hayamos sacado de la experiencia petrolera algunas lecciones. El caso de la minería es el ejemplo más evidente de este peligro de amnesia colectiva. Prácticamente todas las instituciones y centros especializados coinciden en que el potencial geológico del Ecuador es igual al del Perú y Chile. Sin embargo, el Ecuador apenas tiene dos operaciones mineras de gran escala, esto es, las minas Mirador (2019) y Fruta del Norte (2020), ubicadas en la provincia de Zamora Chinchipe. Ambas operaciones se dieron dentro del marco de la Constitución de Montecristi o, mejor dicho, a pesar de él. Cierto es que la producción minera demanda de muchos años de estudios y trabajo, y abundante inversión; pero, si uno compara con lo que sucede en las naciones vecinas mencionadas, el cuadro es desalentador. En Perú, por ejemplo, existen 60 operaciones mineras catalogadas como de gran escala. Si bien el moderno boom minero peruano arranca en 1992 con su Ley General de Minería, y la vigente ley de minería del Ecuador data de 2009, la diferencia sigue siendo abismal: en los 17 años de nuestra vigente legislación solo dos minas de gran escala han salido adelante. Con Chile sucede algo similar. Esa nación tiene en operación 22 proyectos mineros de gran escala. Si tomamos como punto de partida el 2009, el año en que Ecuador aprobó la actual legislación minera, Chile incorporó durante el mismo periodo (2009-2026) 11 minas de gran escala, contra las dos de nuestro país que he mencionado. No es una coincidencia que la tasa más alta de reducción de pobreza (13 %) del país se dé en Zamora Chinchipe, que es la provincia que concentra una alta inversión minera. Hay un consenso sobre el impacto económico que tiene esta industria. Los riesgos ambientales de la minería son conocidos y hoy existen tecnologías altamente sofisticadas que sirven para mitigarlos. No hay razón que justifique el tener apenas dos proyectos de gran escala en casi dos décadas. El Gobierno de Noboa tiene la gran oportunidad de sentar las bases que nos impidan como nación repetir los errores del boom petrolero. (O)
Hernán Pérez Loose: Espejo de errores | Columnistas | Opinión
No es una coincidencia que la tasa más alta de reducción de pobreza del país se dé en Zamora Chinchipe, provincia que concentra una alta inversión minera.










