La salida de los Emiratos Árabes Unidos de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), uno de los mayores exportadores de petróleo del mundo, es un golpe muy fuerte a la organización y pone en duda su sostenibilidad futura. La OPEP fue creada en 1960 como un cartel de países exportadores, cuyo objetivo principal era trasladar la fijación del precio del petróleo desde las grandes compañías hacia los países productores, mediante un sistema de cuotas que restringía la oferta, para elevar los precios.Dado que sus más importantes miembros se concentraban en el Medio Oriente, el petróleo pasó a ser un instrumento geopolítico clave. Un ejemplo fue el cierre del canal de Suez en 1973, que causó una enorme crisis energética a nivel mundial. Sin embargo, con el tiempo, la influencia de la OPEP ha disminuido, afectada por la salida de varios países y, sobre todo, por la revolución petrolera del fracking en Estados Unidos, que le permitió aumentar su producción en 7 millones de barriles por día en los últimos trece años y lo transformó de gran importador al mayor productor mundial y con alta influencia en los precios.En la ultima década han abandonado la organización países como Qatar, Angola, Indonesia, incluso Ecuador. Además, grandes productores como Rusia, Guyana y Brasil no forman parte del bloque.Una OPEP debilitada implica que los países productores del Medio Oriente podrán exportar sin restricciones (aunque no de inmediato) luego del levantamiento de los bloqueos del estrecho de Ormuz, aumentando considerablemente la oferta global y generando presión a la baja sobre los precios.En este contexto, Ecuador enfrenta una situación particularmente vulnerable debido a la caída sostenida de la producción y reservas, creciente importación de combustibles, refinerías en mal estado y una deficiente matriz energética. Resulta paradójico que el país que exporta más de la mitad de su producción no se beneficie plenamente de precios altos debido a su dependencia de combustibles importados, cuyos costos han aumentado.Se prevé que si se normaliza la situación del estrecho de Ormuz, los precios tenderán a bajar posiblemente a niveles previos o aun menores, impulsados por el exceso de oferta de aproximadamente 4 millones de barriles por día que existía antes del conflicto y que ahora se vería reforzado por la producción incremental de los Emiratos de alrededor de 1,5 millones de barriles por día.No obstante, existe una oportunidad. La actual reconfiguración del mercado energético ha incrementado el interés de inversionistas en regiones fuera del Medio Oriente, principalmente América Latina.Para que Ecuador capitalice esta oportunidad es imprescindible actuar con decisión y sentido de urgencia para modernizar el marco regulatorio, reducir el riesgo jurídico, revisar la Ley de Hidrocarburos para reducir el estatismo y facilitar mecanismos de arbitraje como el Ciadi. Solo así podrá atraer a grandes inversiones para proyectos claves como aumentar significativamente la producción y reservas, construir una nueva refinería y explorar y desarrollar el potencial gasífero del golfo de Guayaquil.El mundo esta cambiando. Ecuador no puede quedarse atrás. Un golpe de timón al sector de petróleo y gas es de vital importancia para el país. (O)