Las heridas del fuego han marcado profundamente la Sierra de Bédar (Almería). Las laderas cubiertas de esparto, tan familiares para los bedarenses hace cuatro días, han dejado paso a la ceniza, y la vegetación fuerte y superviviente, que mantiene viva una tierra acostumbrada a la sequía, ahora está negra y yerma. Irreconocible. “Parece una zona de guerra”, cuenta una vecina, después de que haya quedado controlado el incendio que se ha cobrado la vida de 13 personas.
Ascender por la carretera de Bédar es un espectáculo desolador. El verde y marrón, antes predominante, salpica la ladera renegrida y sobre ella se alzan, sin que nadie pueda explicárselo, las casas, cortijos y fincas de los locales, aparentemente intactas.
“Por supuesto no es algo aplicable a todos los casos, pero esta es la prueba de que cuando las autoridades piden confinamiento en un incendio, lo hacen por una buena razón”, explica a elDiario.es una responsable de la Agencia de Emergencias de Andalucía (EMA). El fuego, aunque ha arrasado el monte, no ha llegado a las casas.
Las fachadas blancas o con colores terrosos destacan sobre la tierra quemada como un oasis en un desierto. Los caseríos se encuentran en su mayoría aislados, separados unos de otros por varios kilómetros, algo muy común en la Almería rural, y que ha sido un factor determinante durante los momentos más críticos de la evacuación.











