Ocho kilómetros separan las poblaciones de Bédar y Los Gallardos, pero para los evacuados por el incendio de Almería bien podrían haber sido ocho mil. Durante tres días, un férreo control policial ha mantenido cerrada a cal y canto la AL-6109 hacia la localidad bedarense, impidiendo el paso de quienes rogaban acceso para recoger medicamentos, ropa o para dar de comer y beber a los animales que tuvieron que dejar atrás.
“Ayer intenté subir porque mi mujer se asfixiaba, necesita un respirador para dormir y nos lo dejamos durante la evacuación, pero no me han dejado subir, ni siquiera escoltado”, cuenta Julián que tuvo que desplazarse hasta el hospital más cercano, a 20 minutos en coche en la localidad de Huércal-Overa, para poder solicitar un repuesto. La espera llegó a su fin este domingo: Bédar ha vuelto a la vida, y ellos han vuelto a Bédar. Su mujer se encuentra bien, pero “han sido unos días terribles”, relata entre lágrimas. 13 personas han fallecido como consecuencia del incendio, y siete están heridas, cuatro de ellas en la unidad especializada en quemados del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla.
“La experiencia ha sido terrorífica, nos evacuaron a las cuatro de la mañana y nos vinimos con lo puesto. Tenemos cuatro gatos en el coche y seis más esperándonos en casa sin agua ni comida, pero no nos dejan subir, estamos solos”, relata Kamran, ciudadano de origen iraní y propietario de un cortijo en el municipio.










