Faltaban cinco minutos para las cinco de la tarde cuando Francisco Collado, alcalde de Bédar, pequeño pueblo del levante almeriense de apenas 950 habitantes, recibía la llamada de unos vecinos. Le avisaban de que había una columna de humo en las cercanías, así que llamó al servicio de Emergencias 112 Andalucía. Le indicaron que el fuego se había iniciado en la barriada del Almocáizar, en el término municipal vecino de Los Gallardos. Apenas media hora después llegó a la zona. Alucinó. Comprobó cómo el fuego avanzaba a toda velocidad directo hacia una barriada de su municipio, El Pinar. Arrancó ahí una noche de infierno en la que su equipo de gobierno avisaba puerta por puerta a sus vecinos para que desalojasen sus viviendas mientras las campanas de la iglesia repicaban anunciando la emergencia. La mayoría se salvaron, pero 12 personas perdieron la vida. Otras nueve resultaron heridas, cuatro de ellas de especial gravedad.El fuego se originó por la caída de un tendido privado que estaba abandonado, según han informado fuentes de Endesa. Prendió en la cuneta de la carretera, pero sin tiempo a reacción se extendió por sus alrededores en pocos minutos. Eso asustó al regidor de Bédar, que dedicó todos sus esfuerzos a proteger a sus vecinos. “Avisamos primero a la gente de la barriada de El Pinar”, recuerda Collado, que envió a un agente hacia otros de los nueve diseminados que conforman el municipio, avisando a la población con un megáfono de que debían estar listos para el desalojo. Otros concejales iban llamando casa a casa en el casco urbano.David Rodríguez, responsable técnico de la intervención antiincendios, señala que en ese momento el fuego corría muchísimo. “La velocidad de propagación que tuvimos ayer era increíble”, ha apuntado, sorprendido. A esa rapidez se sumaron varios factores que avivaron las llamas y complicaron su extinción. La primera, la difícil orografía del terreno, repleto de ramblas, barrancos y zonas de difícil acceso. La segunda, el viento, con rachas de 50 kilómetros por hora. Y, la tercera, la presencia de decenas de casas diseminadas, lo que complicaba la comunicación para los desalojos.A los vecinos de Bédar, primero, se les pidió que tomaran la carretera provincial hacia Los Gallardos, que inicialmente parecía el camino más directo y rápido. “El sentido común nos decía que era la salida”, subraya su alcalde. El fuego, sin embargo, se acercó hasta la vía y, antes de que se convirtiera en una ratonera, el regidor almeriense pidió a sus vecinos que volvieran hacia el casco urbano. Desde allí, les recomendó que tomaran una pista forestal en dirección a Lubrín. “Eso ha salvado, seguro, muchas vidas”, suspira el alcalde. Alrededor de 200 han dormido en distintos albergues ubicados en los municipios de Antas, Lubrín y Garrucha. Mientras, más de un centenar de bomberos trabajaban en la extinción, que desde primera hora de la mañana ha contado también con el apoyo de 80 efectivos de la Unidad Militar de Emergencia y una treintena de medios aéreos entre aviones y helicópteros.Camino sin salidaA otros residentes se les solicitó que se mantuvieran en el interior de sus casas para protegerse de las llamas, como ocurrió en el diseminado conocido como Curato. Allí, un matrimonio decidió hacer caso a las instrucciones, mientras un grupo de nueve personas prefirió salir a toda prisa por un camino por el que creían que podían escapar. Se equivocaron. Era una pista de un agricultor para cuidar sus panales de abejas, sin salida. Quedaron rodeados por el fuego. “Las encontramos cerca de las cuatro de la mañana”, recuerda el alcalde. Solo pudieron rescatar a dos personas, con heridas de gravedad, que fueron trasladadas hasta el hospital Torrecárdenas de Almería y, más tarde, hasta la unidad de quemados del hospital Virgen del Rocío, en Sevilla. “Los demás, fallecieron”, lamenta el alcalde, que afirma que una de las víctimas era de nacionalidad española y, el resto extranjeros, belgas y británicos. “Los conozco a todos personalmente, eran muy activos en la vida social y cultural del pueblo. A algunos hasta los casé yo”, subrayaba emocionado. Collado.En el caos de la noche, otro grupo de cuatro personas —también de nacionalidad británica— intentó escapar en un vehículo por una rambla. “La gente quería salvarse y en esos momentos no se sabe si es mejor quedarse o irse”, añadía el regidor. El problema es que este grupo lo hizo a través de una rambla que se convirtió “en una verdadera trampa”, como ha comentado el consejero de Presidencia de la Junta de Andalucía, Antonio Sanz, ya por la mañana, cuando se podían ver los efectos del incendio. “Parece que ha caído una bomba”, decía el alcalde de Los Gallardos, Francisco Miguel Reyes, que destacaba las consecuencias en un camping donde había 400 personas y tres barrios del municipio. “Hay muchos daños materiales, pero eso se puede recuperar”, aseguraba, lamentando las víctimas mortales.Lo hacía desde el Puesto de Mando Avanzado instalado por la administración en la localidad de Turre para coordinar todos los trabajos para intentar acabar con el fuego y evitar nuevas víctimas mortales. Desde allí se podía ver la inmensa columna de humo que enrarecía el ambiente y dejaba difícilmente ver el azul del cielo. También las zonas calcinadas y las llamas que se acercaban hasta la autovía A-7, que tuvo que ser cortada para que los bomberos pudieran trabajar en la zona.
Viento, barrancos y decenas de casas diseminadas: la noche infernal de Bédar
El alcalde de la localidad donde han fallecido 12 personas, Francisco Collado, alertó del peligro a sus vecinos puerta a puerta, con megáfonos de la Policía Local y hasta con las campanas de la iglesia











