Ciudad AbiertaEs m�s habitual encontrarnos con enfoques morales, culturales y hasta psicol�gicos que con debates sobre cuestiones administrativas o t�cnicasVarias personas hacen cola para la tramitaci�n de su regularizaci�n en Albacete.EUROPA PRESSActualizado Lunes,

julio

22:48Audio generado con IAUn contraste llamativo: el Gobierno parece haberse tomado m�s en serio unas palabras de Rajoy sobre la selecci�n francesa que los problemas denunciados por expertos y sindicatos policiales en el proceso de regularizaci�n de inmigrantes. Las consideraciones -rid�culas y efectivamente racistas- del ex presidente en una de sus columnas sobre el Mundial han merecido duras cr�ticas por parte de varios ministros; las quejas por c�mo se est�n gestionando las regularizaciones, sin embargo, no suelen recibir respuesta, o son tratadas con una suerte de luz de gas institucional: no pasa nada, todo va bien.M�s all� de las miserias habituales de la pol�tica, la comparaci�n entre las dos reacciones ilustra algunos problemas en nuestra manera de abordar la cuesti�n migratoria. Es m�s habitual encontrarnos con enfoques morales, culturales y hasta psicol�gicos que con debates sobre cuestiones administrativas o t�cnicas. En el discurso oficialista, parece que la inmigraci�n solo supone un problema en la medida en que hay muchas personas que albergan prejuicios racistas o xen�fobos. Si esos prejuicios desaparecieran, no habr�a tensi�n alguna: la conversaci�n p�blica se centrar�a �nicamente en los muchos beneficios que trae la inmigraci�n, y en lo bueno que es comportarse como una sociedad solidaria. Curiosamente, el enfoque cultural tambi�n se impone en algunos discursos cr�ticos: por ejemplo, los que se�alan que la principal cuesti�n aqu� ser�a que Europa est� perdiendo su esencia o su identidad a causa del fen�meno migratorio.Todo esto da pie a declaraciones m�s llamativas y debates m�s encendidos que las cuestiones t�cnicas. Sin embargo, no hay ning�n marco cultural que legitime la chapuza. Nadie, piense lo que piense sobre este tema, est� a favor de que los gobernantes improvisen decisiones o que se desentiendan de sus consecuencias. Y esa es justamente la impresi�n que provocan algunas de las medidas m�s importantes que ha tomado el Gobierno en torno a la cuesti�n migratoria. En este sentido, la investigadora Mar�a Miyar se�alaba hace unos d�as en una excelente tribuna lo preocupante que resulta que las solicitudes de regularizaci�n hayan terminado siendo m�s del doble de las previstas inicialmente por el Gobierno. �C�mo pudo el Gobierno -se preguntaba la experta- equivocarse tanto en el dato fundamental de una pol�tica de Estado de tal envergadura? Y �c�mo puede ser que esa equivocaci�n no lleve a replantearse los efectos que este proceso puede tener en el mercado de trabajo, los servicios p�blicos, la cohesi�n social?Podr�amos ampliar estas preguntas con las denuncias de los sindicatos policiales por la inacci�n ante avisos de posibles procesos fraudulentos; o con la opacidad con los c�lculos sobre cu�ntos de los reci�n regularizados se han apuntado al paro; o con las consecuencias que puede tener el reciente fallo del Supremo acerca del Reglamento de Extranjer�a que se aprob� en 2024, y que permitir�, entre otras cosas, que los familiares de inmigrantes puedan obtener el permiso de residencia aunque haya antecedentes penales. Uno pensar�a que estas cuestiones desbordan los debates culturales o identitarios, y que pueden ser afrontados desde una perspectiva m�s inmediata y transversal. Pero quiz� sea mucho asumir que esa pueda ser la prioridad de un Gobierno.