Este fin de semana, Sumar celebr� su tercer congreso en un intento de emprender su en�sima refundaci�n para recuperar el espacio pol�tico en la izquierda radical.Tras la decisi�n de Yolanda D�az de abandonar su posici�n en la c�pula de la formaci�n, los 300 delegados de Movimiento Sumar escenificaron una unidad algo endeble, bajo la doble direcci�n de Ver�nica Barbero y Rosa Mart�nez, dos aut�nticas desconocidas en la pol�tica, que acumularon el 95% del voto. Llegan a las vacaciones de verano sin un nombre para el nuevo partido, ni un candidato capaz de volver a ilusionar a sus posibles votantes. La �nica decisi�n de peso del s�bado fue fomentar las alianzas amplias con otras formaciones progresistas y ofrecerse a ser el "pegamento" y puente entre las fuerzas regionales; es decir, comprar la propuesta realizada hace semanas por Gabriel Rufi�n sin el apoyo de su propio partido, ERC.La historia de Sumar ha estado plagada de enfrentamientos internos, fracasos y contradicciones. D�az fue la sucesora de Pablo Iglesias en la Vicepresidencia del Gobierno de coalici�n progresista y muy pronto tom� la decisi�n de "matar al padre" e intentar acabar con todas las figuras pol�ticas de Podemos. Cre� una coalici�n con l�deres renegados del partido morado y, poco a poco, la nueva formaci�n fue cayendo en la irrelevancia. La divisi�n de la izquierda a la izquierda del PSOE le llev� a ir perdiendo, una tras otra, todas las citas electorales, mientras aumentaban los enfrentamientos entre las distintas fuerzas pol�ticas radicales.Tras los sucesivos fracasos, la l�der designada por el dedo de Iglesias anunci� su dimisi�n de los cargos en el partido, pero no de su puesto como vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo. Emprendi� entonces una campa�a en busca de mayor protagonismo de ella misma y sus cuatro ministros, con propuestas radicales que casi nunca salieron adelante. Se hab�an acabado los tiempos en los que Podemos ten�a una influencia decisiva en el Gobierno. Pero, pese a ser ninguneados por el bando socialista en el Ejecutivo y pese a los innumerables casos de corrupci�n que asolan al PSOE, Sumar ha optado con mirar hacia otro lado y mantener sus sillones en el Consejo de Ministros.Las encuestas han sido muy duras, no solo para Sumar, sino tambi�n para Podemos, IU y para el resto de formaciones de la izquierda. La huida de posibles votantes socialistas no ha ido a parar a las papeletas progresistas, sino a la abstenci�n, al PP o alguna formaci�n regionalista, como ha ocurrido en Andaluc�a. La situaci�n no puede ser m�s preocupante para unos partidos que generaron una enorme ilusi�n hace menos de diez a�os.Con esos mimbres, los delegados de Sumar debatieron el documento pol�tico-organizativo y eligieron a la nueva direcci�n, en una votaci�n sin misterios, porque s�lo hab�a una candidatura. La anterior coordinadora, Lara Hern�ndez, hab�a dimitido el pasado 1 de julio tras una enconada lucha, calificada por ella misma como "guerra sucia" con denuncias por acoso laboral que finalmente fueron retiradas.El posyolandismo arranca ahora con varios retos para recuperar la capacidad de convocatoria entre las fuerzas de la izquierda y la ilusi�n de los millones de votantes desilusionados. El primero de ellos en esta refundaci�n es acabar con las luchas intestinas entre los l�deres y presentar una propuesta de unidad. Una tarea muy complicada, teniendo en cuenta los dur�simos enfrentamientos que se ha producido en los �ltimos a�os.El segundo reto es redise�ar un modelo de relaci�n con los socialistas, unos socios que han hecho todo lo posible para acabar primero con Unidas Podemos y luego con Sumar y los partidos de su coalici�n. Pedro S�nchez tuvo muy claro cuando abraz� a Pablo Iglesias para formar el Gobierno de coalici�n que su compromiso con ellos era solo temporal para llegar a La Moncloa y que los dejar�a caer en cuanto pudiera. Hacer de la necesidad virtud tambi�n es traicionar a sus propios aliados.En tercer lugar, los nuevos dirigentes de Sumar tienen que definir hasta d�nde est�n dispuestos a llegar en sus pactos con la izquierda nacionalista e independentista. La experiencia les deber�a llevar a pensarse muy bien el precio a pagar con los acuerdos, porque cada vez que han hecho suyas las exigencias nacionalistas han supuesto una sangr�a de votos en favor de EH Bildu, ERC o el BNG. Los votantes prefieren el original a la copia.Y, por �ltimo, aunque no menos importante, la refundaci�n de la coalici�n exige buscar un buen candidato y un programa electoral diferenciado del resto de las propuestas electorales. Podemos, IU y Sumar han quemado a demasiados l�deres en su corta vida, en la mayor�a de los casos por enfrentamientos personales y egos excesivos. Por eso, es muy importante dar con una persona capaz de coser las heridas pasadas e ilusionar a los votantes.En cuanto al programa, los mensajes que salieron del congreso del fin de semana se centraron en diferenciarse con una mirada mucho m�s verde, m�s moderna en el lenguaje, enfocada en derechos laborales y la conquista de los derechos sociales; tambi�n, recuperar el favor de los votantes j�venes que fueron los que les llevaron al poder. Una declaraci�n de intenciones que hay que pulir y desarrollar, porque no vale con ser una coalici�n ecologista, laborista y social. Tienen mucha tarea si no quieren desaparecer del mapa pol�tico.