Sala VorJugadores de Paraguay celebran la eliminaci�n de Alemania.Actualizado Lunes,
julio
23:05Hubo un tiempo en que Espa�a viajaba a los Mundiales convencida de que algo saldr�a mal. Hemos cambiado tanto que hasta las derrotas nos parecen injustas. Nos pasamos unos a�os esperando al siguiente Iniesta, al siguiente Casillas, hasta que descubrimos que la selecci�n funciona como un reloj suizo, donde nadie parece imprescindible. Una virtud extraordinaria hasta que el f�tbol deja de ser un arte y se convierte en una coreograf�a vikinga. Hay partidos que no se arreglan con un relojero sino con alguien dispuesto a romper el reloj.Paraguay es lo peor que le ha pasado a Francia en este Mundial y lo mejor que le ha pasado al f�tbol. Jug� como quien entra en un Ikea sin querer comprar nada: solo intentando encontrar la salida. Hab�a momentos en los que uno sospechaba que defend�a hasta los saques de banda del partido anterior. Recorr�an el campo como quien cruza un desierto al que arrastrar al rival hasta la desesperaci�n, la sed, una falta, un c�rner o una discusi�n. Cualquier cosa que ocurriera en campo contrario, donde defender es atacar con el tiempo.Su seleccionador, Gustavo Alfaro, dijo que muchos de sus futbolistas hab�an aprendido a competir porque antes hab�an tenido que aprender a sobrevivir. No hablaba de t�ctica. Hablaba de biograf�a. De esa necesidad que convierte un bal�n en algo m�s importante que un bal�n: �Hoy nos enfrentamos con jugadores que pelean por el Bal�n de Oro, por ser el m�ximo goleador hist�rico de los Mundiales. Nosotros tenemos chicos que no conocieron a sus padres�. A nosotros puede que nos llegue con conocer al de Lamine.Algunos partidos se juegan con las piernas y otros con el est�mago. Los Mundiales siguen fascin�ndonos porque no siempre gana el mejor, gana el que necesita m�s la victoria durante tres o cuatro minutos, el que no puede permitirse perder. Le decimos a nuestros hijos que el esfuerzo siempre tiene recompensa, pero luego llegan los Mundiales y les toca aprender que no. O algo mucho mejor, que el esfuerzo solo compra una oportunidad. Y que el f�tbol, como la vida, no puede prometerte justicia. Solo 90 minutos.











