Tampoco destacó Samuel Navalón con otro buen toro, y el lote de Fortes no ofreció posibilidades
El diestro madrileño Fernando Adrián cortó una pírrica oreja, la única que se concedió en toda la tarde, aun sin haber llegado a cuajar con el temple y la entrega que merecían a dos de los tres toros destacados que lidió este domingo en Pamplona la divisa gaditana de La Palmosilla.
La corrida de la familia Núñez lució unas idóneas y equilibradas hechuras para la embestida, pues, aun sueltos de carnes y de largo espinazo, todos fueron bajos de agujas, sin exageraciones en el cuarto delantero como otros encierros de la feria, y además tuvieron un largo cuello para descolgarlo tras los engaños, que es lo que hicieron esos tres buenos ejemplares jugados en segundo, tercero y quinto lugares.
Es decir, que dos de ellos cayeron en el lote, como segundo espada de la terna, de un Fernando Adrián que no llegó nunca a aprovecharlos con la sinceridad, la hondura y el temple que merecían, sino que se extendió en sendos trasteos amontonados, plagados de muletazos cortos y volanderos, sin enganchar ni gobernar las embestidas, sino desplazándolas con su propia inercia. A pesar del viento en contra, como argumento en su defensa, así lo hizo ya con el segundo, que mostró enseguida la calidad de su pitón derecho, aunque no tuviera mucha duración en una faena que nunca se levantó. Pero mucho más aguantó el quinto, un toro de cuerna playera al que picó con medida Pedro Iturralde y que se vino arriba con los cites de largo de Adrián.









