Actualizado Domingo,

julio

22:35La mala suerte se cerni� sobre la corrida de La Palmosilla: las espadas jibarizaron el resultado a una sola oreja, la que cort� Fernando Adri�n al mejor toro de la tarde, un Cantarillo de nota mayor. Pudieron ser algunas m�s, como la que se dej� Samuel Naval�n con un buen tercero. Y quiz� otra el propio Adri�n. Pero, dicho esto, conviene aclarar cuanto antes que el env�o de Javier N��ez fue tambi�n muy caminador, con cosas de toros muy corridos en el campo, por f�sico y por comportamiento; con m�s movimiento que poder, empuje y entrega. Y esa combinaci�n le daba, para estar delante, unas ciertas complejidades, no apreciables desde el tendido por estar envueltas en su fondo bonancible. Ese venirse andar�n, sobre las manos, sin terminar nunca de irse o haciendo hilo, no es f�cil para torear. Que se lo digan a Fortes con su lote.Cuando a las 20.16 arrastraban al buen Cantarillo y, acto seguido, le entregaban a Fernando Adri�n una oreja, la percepci�n de la mala fortuna no se acababa de despejar. Un espadazo que hizo guardia, antes del definitivo, le priv� del otro trofeo. No por el virtuosismo, evidentemente, pero s� por lo listo que hab�a estado con el toro de La Palmosilla para jugar con la distancia larga, m�s por necesidad que por generosidad. Precisamente por todo lo que se estaba dando en la corrida. Le funcion� a Adri�n la cabeza para, aprovechando las inercias, potenciar las virtudes del toro, uno de los dos cinque�os -quinto y sexto- de La Palmosilla. Viaj� por una y otra mano Cantarillo con fijeza y repetici�n, muy seguido, regal�ndole el paso final a la embestida. La estrategia del madrile�o dio sus frutos con una faena encaminada hacia el triunfo, que parec�a seguro al rematar la �ltima serie con la mano izquierda, la m�s redonda tambi�n para el toro, ya sin tanta distancia. Hubo un error de c�lculo al querer cerrar por bernadinas en los medios, consumadas finalmente con emotividad en el tercio. Las orejas segu�an pendientes como bot�n. Y, sin embargo, la traves�a de la estocada provoc� que asomara por el costillar. Adi�s a la puerta grande. Aplaudi� el p�blico fuertemente a Cantarillo y Fernando Adri�n pase� su trofeo.Otra oreja pod�a haber cortado al segundo. El toro se peg� un volat�n durante la lidia, agalgado en su anatom�a de corredor. Fue toro de venirse m�s que de irse. Obediente en su movimiento sobre las manos. Faltaba el empuje. Fernando Adri�n le puso la entrega (sin brillos) desde el saludo de rodillas con el capote y el arranque tambi�n de hinojos. La faena constituy� un dechado de voluntad hasta la despedida por manolas. Un pinchazo redujo lo hecho a una ovaci�n.M�s o menos lo mismo, pero peor, pues fue ilusionante la faena, le pas� a Samuel Naval�n con el colorado y buen tercero, as� de bajo, simploncete, que lo hac�a todo bien desde el recibimiento con el capote. Ese bien embestir volvi� a verse en el muletazo que le peg� Naval�n de rodillas, un derechazo notable que cont� con su continuidad en pie. La faena sigui� en ese tono de entendimiento, superior por la mano izquierda tanto por el toro como por el torero. Los naturales de la tarde se concentraron ah�, en un par de tandas que dijeron lo que promet�a Naval�n. Las cosas que lat�an en la corrida tambi�n afloraron m�s llamativamente al final de la obra. Unas bernardinas le pusieron en disposici�n de puntuar, pero pinch� sin la fe que exhibi� a continuaci�n para enterrar la espada. Lo que volvi� a hacer con el sexto, el otro cinque�o, m�s montado, m�s asentada la seriedad, con el porte de la edad. No empez� mal, pero se puso caminador, m�s antes que despu�s, y lleg� a pegarle al torero debutante de Ayora una voltereta.Otra hb�a cobrado Jim�nez Fortes con el cuarto en un valeroso y denso esfuerzo por aguantar, muy de verdad, la embestida que se dorm�a, gazapona, por debajo. Recet� la estocada m�s rotunda de la funci�n, y por ella -y por todo- recogi� una ovaci�n. Hab�a abierto plaza un toro de sueltas carnes, un generoso cuello y una expresi�n lavada que agudizaba su aspecto de toro muy movido. Y esto es precisamente lo que marc� con un gazapeo constante, incomod�simo por su carencia de poder y empuje, sin salirse de los av�os, haciendo hilo. Lo peor que le puede tocar a Fortes, mucho peor que un toro exigente o con otras complicaciones, es ese caminar que viene pidiendo piernas. Puede que en este caso ni Sa�l ni un Mohammed Ali resucitado hubieran bastado. Siempre tuvo al toro encima. La sensaci�n de deslucimiento vino a incrementarla el inoportuno viento. Todos los deseos del malague�o se amontonaron. Ni el esfuerzo de irse a porta gayola qued� en pie tras fallar con la espada que tanto penaliz� la corrida. Aunque no en este caso, claro.