Un imponente reloj mural que hace mucho que no marca las horas preside aún un extraordinario salón clásico que hasta la guerra civil fue el corazón de las grandes transacciones del mercado de valores de Barcelona. Es el centro neurálgico del viejo Borsí, el edificio que albergó el Casino Mercantil, que durante décadas funcionó en paralelo a la bolsa oficial de la Llotja. El salón ha recuperado, con el reloj como testigo, su magnificencia y luminosidad con el derribo de una planta que lo había dividido en dos pisos, en el marco de los trabajos de rehabilitación para convertirlo en la nueva biblioteca del Gòtic.El reloj volverá a funcionar cuando terminen las obras, de cuyos efectos está hoy protegido por unas gruesas cortinas. Será entonces cuando el edificio albergue la biblioteca Andreu Nin, actualmente en la Rambla, y diversas entidades culturales del barrio. Así, el viejo edificio volverá a la vida en la pequeña plaza de la Verònica, en el tramo central de la calle Avinyó.Lee tambiénEl Borsí fue construido entre 1881 y 1883 como sede del Casino Mercantil, una entidad que agrupaba a corredores de cambio, banqueros y hombres de negocios.Fue una iniciativa del banquero Evarist Arnús y el inmueble se encargó al maestro de obras Tiberi Sabater, que le dio un aire monumental neoclásico para que representara el poder económico de la época. Aunque las transacciones oficiales se efectuaban en el salón de la Llotja, en el Pla de Palau, la actividad del Borsí llegó a ser más relevante para la economía de la ciudad porque allí se liquidaban la mayor parte de las transacciones privadas.El magnífico salón del Borsí Xavi CasinosEl salón y el reloj eran los que marcaban el ritmo de centenares de operaciones. Era muy importante que la hora fuera visible desde cualquier punto del espacio, para sincronizar aperturas y cierres de los negocios que tenían lugar entre los grupos que se distribuían por todo el salón.El inicio de la Primera Guerra Mundial y la apertura de la Bolsa Oficial de Barcelona en 1915 fue el inicio de la crisis del Borsí, donde los corredores ya no podían actual en nombre de terceros. Cerró con el comienzo de la guerra civil. Acabada la contienda, no se permitió su reapertura y el edificio pasó a albergar la Escuela de Bellas Artes y más tarde la Escola d’Arts Aplicades i Oficis de la Llotja. La aparición de problemas estructurales obligó al cierre en 2009.Tras la presión vecinal, el edificio va a recuperar de nuevo la actividad con el salón y el reloj de nuevo marcando el ritmo. Y es que al Borsí siempre le quedará su viejo reloj, que volverá a latir a la hora que sea.