La guerra de Irán está siendo muy costosa políticamente para el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. La subida constante de precios derivada del conflicto, así como la campaña del Partido Demócrata contra la ya nombrada «Trumpflación», han puesto contra las cuerdas al mandatario, que ve peligrar su posición ante las elecciones de medio término del próximo noviembre, que podrían condenar al Ejecutivo republicano.Ante esta situación, el Gobierno estadounidense ha iniciado una campaña bastante extraña para, en teoría, un Ejecutivo conservador y liberal en lo económico. Trump ha comenzado a utilizar amenazas y herramientas de coerción estatales para forzar a las empresas a bajar los precios y tratar de combatir la pérdida de poder adquisitivo, y una reciente encuesta publicada la semana pasada por el Financial Times revelaba que casi el 67 % de la población desaprobaba la gestión económica del mandatario.

Amenazas e investigaciones

El Gobierno de Trump lleva varios meses cargando contra algunas de las principales empresas del país, exigiéndoles que hagan bajadas de precios o se atengan a posibles consecuencias negativas. El pasado abril, el Departamento de Justicia inició una investigación contra las principales empresas cárnicas del país. Según el fiscal general del país, Todd Blanche, la investigación estaría examinando cómo las grandes empresas adquieren ganado a través de contratos vinculados a índices de precios que, según denuncias de ganaderos, estarían siendo manipulados. Las compañías bajo escrutinio son Tyson Foods, Cargill, JBS USA y National Beef Packing, que controlan aproximadamente el 85% del mercado estadounidense de procesamiento de carne.