El petróleo se dispara. Los carburantes se encarecen como consecuencia de la guerra de Irán pese a las promesas del presidente de Estados Unidos
La escalada del precio del petróleo y el consecuente encarecimiento de los carburantes ha atrapado al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en una tesitura de difícil escapatoria. El precio de la gasolina ha escalado en la última semana un 17% y el diésel un 22% hasta alcanzar precios que no se veían...
desde 2024, en torno a los 3,5 dólares el galón (3,78 litros). La agitación en los mercados energéticos amenaza con propinar otro fenomenal golpe a su política económica, tras el varapalo del Supremo a los aranceles, porque el republicano ha convertido la lucha contra la inflación y la rebaja de los combustibles en una de sus prioridades.
El presidente hace uso de su arma más potente, su retórica. Durante una entrevista en la CBS ha asegurado que la guerra de Irán está “prácticamente terminada”, unas palabras que parecen haber tenido el efecto de un sortilegio, porque inmediatamente los mercados han reaccionado con euforia. La Bolsa, que cotizaba en rojo, ha vuelto a registrar ganancias. El petróleo West Texas Intermediate (WTI), que llegó a rozar los 120 dólares de madrugada, cotiza por debajo de los 90 dólares. Las palabras del mandatario estadounidense se producen pese a que solo tres días antes dijo que no habrá acuerdo sin “rendición incondicional” del régimen de Teherán, algo que no parece tan fácil. Así que el efecto del conjuro de Trump puede ser efímero si no se confirma con hechos. La formidable volatilidad en el mercado energético solo confirma la histeria de los inversores.










