El coste de la gasolina y la opción de un conflicto largo complican el apoyo de su partido al presidente. La ofensiva amenaza la campaña de los congresistas que aspiran a la reelección este año

Con un presidente tan aficionado a los mensajes contradictorios, los debates se deslizan a menudo en Washington por el campo de la semántica, cuando no directamente de la filosofía. Estos días, por ejemplo, todo gira en torno al sentido de un final; el final de la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán, que se encamina hacia su tercera semana. Trump dijo este lunes que este está cerca, en vista de que los mercados se sumían en el caos. También, que solo llegará tras una “rendición incondicional” de Teherán. O que, como aseguró este miércoles en una entrevista con

-petroleo.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/internacional/2026-03-09/trump-da-por-casi-terminada-la-guerra-contra-iran-ante-la-escalada-del-petroleo.html" data-link-track-dtm="">Axios, los bombardeos cesarán cuando él quiera que paren.

Las dudas sobre el aspecto que tendría ese final se suman a las de las justificaciones para lanzar el ataque (una decena, solo en los primeros siete días) o a los mensajes contradictorios sobre el tiempo que puede durar la guerra: “unos días”, “cuatro semanas” que se convirtieron en “cinco”, “lo que haga falta”... El miércoles por la tarde llegó el penúltimo marco temporal, cuando Trump definió su ofensiva contra Teherán como “un pequeño desvío de la atención de dos semanas”. Lo hizo en Cincinnati (Ohio), adonde viajó para defender sus políticas económicas ante esa entelequia llamada Middle America.