El consumo de leche se ha diversificado mucho en los últimos años. Antes la receta era mucho más fácil: leche, sin más. Ahora disponemos de una variedad inabarcable: ¿leche desnatada, semidesnatada o entera? ¿Leche de almendras, soja o avena? ¿De cabra o de vaca? ¿Con o sin lactosa?

Se han dicho tantas cosas sobre la leche, que muchas tienden a considerarse verdades absolutas, pero no todo lo que oímos sobre este ingrediente es cierto. De la mano de Aina Candel, dietista-nutricionista, analizamos qué es cierto y qué no en relación con mucho de lo que se dice sobre la leche y desmontamos algunas falsas creencias sobre este alimento.

Mito 1: Cuando somos adultos, no es necesario tomar leche

“Es un mito la creencia de que los adultos no estemos preparados para consumir leche”, afirma Candel. “Lo que ocurre es que, a nivel mundial, una parte importante de la población pierde progresivamente la capacidad de digerir la lactosa tras la infancia, mientras que otra mantiene esa capacidad durante toda la vida gracias a la adaptación genética”, afirma la experta.

De ahí que “no exista una recomendación general de que todos los adultos deban dejar de tomar leche: si una persona la tolera bien y le gusta, puede formar parte de una alimentación saludable, pero si no la tolera o prefiere no consumirla, también es posible cubrir las necesidades nutricionales con otras fuentes de calcio y proteínas”, matiza Candel. La clave es, aclara Candel, “individualizar y evitar recomendaciones universales que no tienen respaldo científico”.