Dos hombres se conocen en un chat en busca de sexo. Uno quiere infectarse de VIH, el otro le promete que así será, que le dará ‘el bicho’. Así comienza Te hice dios (Random House, 2026), el debut literario del poeta Marcos Augusto. Una novela que explora una relación marcada por los impulsos autodestructivos de cierto tipo de deseo, las mentiras y la necesidad de ser amados y comprendidos a pesar todo o, precisamente, por eso mismo.

Te hice dios, que ya empieza a recomendarse en los círculos culturales y tiene papeletas para ser el próximo fenómeno de la literatura en español, se adentra en la posibilidad de amar a partir de Grindr y en la subcultura de los bug chasing (castellanizado como ‘cazadores de bicho’), de los que buscan contagiarse de VIH, que quieren ser inoculados a toda costa, y de aquellos que, a propósito, se lo dan. Aunque a veces, sin querer, las cosas se puedan ir de las manos y lo que empieza como un juego acabe con un cadáver en una cama de hospital.

“El morbo era tuyo, pero no se lo comentaste al desconocido que era yo. Grindr era para ti un campo de bichos y la polla un surtidor necesario, pero no suficiente”, escribe Augusto desde la voz de un narrador que le escribe una carta a su amante muerto. Un narrador que se pregunta qué pasó, que se culpa y se perdona al mismo tiempo y, también, se engaña un poco a sí mismo porque, cuenta Augusto en una conversación con este periódico, todas las relaciones se sostienen sobre una parte de ficción. “Todos nos erigimos sobre una narrativa propia”, insiste el autor para señalar las redes sociales de todo tipo (Instagram, Tinder o Grindr) como principal ejemplo. “Nosotros seleccionamos unas imágenes, nos construimos de determinada manera frente a la mirada del otro y ofrecemos una cara que, quizá no es la mejor, pero sí la que deseamos ser”, argumenta para señalar que es muy fácil perpetrar la mentira, o determinado tipo de mentiras, desde nuestra propia imagen.