Me inquietan todos los temas sociales que tengan que ver con la injusticia y la hipocresía de las élites, dice el director de orquesta y violonchelista catalán Jakob Viñas, quien recientemente ha dado un salto hacia la literatura con la publicación de Diosas y demonios. Deseos prohibidos (Editorial Samarcanda, 2026) novela que denuncia la trata de personas.Viñas, quien ha dirigido conjuntos como la Orquesta de Córdoba y la International Symphony Orchestra Lviv de Ucrania, añade que las decenas de millones de víctimas podrían ser equivalentes a la población de un país entero y que, en un contexto así, los casos particulares se diluyen y se convierten en una cifra más: “Los de muy arriba no quieren cambiar nada. Y los de muy abajo no pueden. Los que estamos en medio muchas veces preferimos, por comodidad, mirar hacia otro lado”.Ante lo que llama el asunto más brutal del siglo XXI, el director dice que quería hacer algo que llegara al corazón de la gente. “La única manera era coger una novela, una ficción y unos protagonistas determinados. Y estos sí que pueden llegar a la gente porque uno puede ser como tú, el otro puede ser como alguien más; es imaginable, sobre todo en lo emocional”.Lee también Expone el Munal al México del siglo XXPara escribir Diosas y demonios se inspiró en el pueblo de Daulatdia, considerado como la zona roja de Bangladesh. Viñas lo describe como el famoso burdel al aire libre, donde incluso a miles de mujeres, jóvenes y niñas, se les suministran esteroides veterinarios para que se desarrollen más rápido, “como si fueran ganado. Es horrible y el lugar está en Google Maps, ¿cómo es posible?”Un horror que el músico plasmó como “una ficción simbólica porque la palabra diosas se refiere a las mujeres que, lamentablemente, viven esta situación. Mientras que los demonios son los hombres capaces de crear esta realidad”.Además de la novela publicada recientemente, Viñas ha lanzado otro libro, El código de la memoria, que se editará en julio en McGraw Hill y consiste en un método de memorización basado en la neurociencia y los sistemas de aprendizaje del director de orquesta. Otro tema que le interesa es el humanismo científico, que ha explorado a través de publicaciones para la revista Springer Nature. Y detalla: “Realmente necesitamos unir todo el potencial de la ciencia para que esté al servicio de las personas. Generalmente se dice, los científicos por un lado, los humanistas y las humanidades por otro. Y este es el gran error”.Lee también Lomelí irá al frente de la Ópera de DallasSus grandes conclusiones al respecto son que la educación, la formación básica de la que saldrá la futura sociedad, necesita del nuevo paradigma que conjunta ciencia y humanismo. Un punto en el que profundiza en un tercer artículo, que actualmente se encuentra en revisión en Springer Nature, sobre un concepto que él llama “democracia inclusiva”: “Cuando la mayoría gana, la minoría, que a veces pierde con el 49%, se queda sin voto, sin voz. ¿Qué significa esto?, ¿qué la mitad de la población que no ha ganado no vale para nada su voto, su vida? En las democracias occidentales, el que gana tiene a los que han perdido como oposición; significa, básicamente, que me opongo a lo que tú hagas. Por lo tanto, es un sistema que inmoviliza. Uno no deja hacer al otro. En unos años se invertirá, entonces será el otro el que no me deje hacer a mí”.La democracia inclusiva que propone responde al hecho de que las minorías nunca ganan nada por el hecho de ser minorías. Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.