"No ten�a ning�n pensamiento de salir". Soukaina, nacida en Marruecos, entr� un d�a en Espa�a con lo puesto y sin planes previos tras sufrir graves episodios de violencia por haberse negado a un matrimonio forzoso. Juan, colombiano, no ten�a necesidad de emigrar pero fue vigilado y perseguido por defender los derechos de la minor�a LGTBIQ+. "Coges ese avi�n con el vac�o en el pecho de que no hay punto de retorno". Su compatriota Carolina salt� el Atl�ntico por la extorsi�n de las bandas sobre su negocio y su familia. "En 15 d�as empaqu� la maleta y me vine". Joachim se despidi� de su esposa por un problema de salud cuyo tratamiento era econ�micamente inviable en �frica. "La �nica soluci�n era el viaje". Ndarow, de Senegal, pronuncia dos palabras. "Somos pobres".Todos llegaron sin papeles y viven en Espa�a, donde se encuentran en diferentes situaciones administrativas. Cuando se alude a las personas inmigrantes y solicitantes de asilo suelen olvidarse su diversidad, sus motivos, sus miedos. Un estudio de la entidad social Diacon�a detallaba en 2024 que el suicidio como causa de muerte mostraba una proporcionalidad mayor entre las personas de nacionalidad extranjera que entre las espa�olas. La psic�loga Vilma Hidalgo, investigadora del Proyecto Zo� y coautora de ese informe, destaca el peso de la procedencia. "La muerte, la vida, el sufrimiento no tienen el mismo sentido en una cultura que en otra".Hay migrantes africanos que tardan cuatro a�os en llegar a Espa�a, su puerta a Europa. Al senegal�s Ndarow, 26 a�os, le llev� dos semanas. Naveg� en un cayuco desde Mauritania. De sus cuatro d�as en el Atl�ntico recuerda la altura de las olas, la angustia al achicar agua, los llantos que ped�an regresar. "Estaba con miedo porque no s� nadar". La zodiac de Joachim, 33 a�os, se hizo a la mar, tambi�n hacia Canarias, desde Marruecos. Antes tuvieron que recorrer a pie unos 350 kil�metros. De noche y, a partir del cuarto d�a, sin agua ni comida. No esperaban a quienes se descolgaban, nunca volvieron a ver a los que se perdieron, en la costa se toparon con los cad�veres que devolv�a el mar. "Hay p�nico general, es muy duro, puedes tener un problema de salud mental". Una embarcaci�n que hab�a zarpado junto a la suya fue localizada a los 19 d�as. S�lo siete personas segu�an vivas."En la patera hay p�nico, es muy duro, puedes tener un problema de salud mental" Joachim"Hay mafias, se pide rescate, esclavitud laboral, esclavitud sexual, traumas muchas veces m�s graves que los del pa�s de origen", resume Mar�a �ngeles Plaza, psic�loga referente en la Comisi�n Espa�ola de Ayuda al Refugiado (CEAR). La protecci�n internacional para personas solicitantes de asilo, los llamados refugiados, fue establecida por la ONU en 1951. En cuanto a los migrantes econ�micos, la Convenci�n Internacional de 1990 recoge que todos, regulares o no, tienen unos derechos b�sicos. Los pa�ses de la Uni�n Europea no la han suscrito."Migrar es un derecho humano fundamental", reivindica Joseba Achotegui, psiquiatra y profesor de la Universidad de Barcelona. En 1994 abri� el primer dispensario para inmigrantes en esa ciudad. All� ha atendido a m�s de 6.000 personas, all� ha sido testigo de c�mo la documentaci�n cobr� importancia hacia el a�o 2000, cuando la UE desarroll� el control de sus fronteras.Acaba la traves�a, comienza la espera. Una semana pas� Juan casi encerrado en el aeropuerto, once duros meses permaneci� Soukaina en el CETI de Ceuta. Emerge el desarraigo. "15 d�as despu�s de aterrizar sent�a el vac�o emocional y del entorno, no ten�a a qui�n saludar", rememora Carolina. Aparece el duelo migratorio por la p�rdida de todo lo que se dej� atr�s.Juan y, enmarcados, algunos de sus dise�os de moda para videojuegos�ngel NavarreteEL MUNDOJoseba Achotegui defini� en 2002 el s�ndrome de Ulises como un s�ndrome con estr�s cr�nico y m�ltiple que afecta a los emigrantes que atraviesan situaciones muy adversas. "Soledad, miedo e indefensi�n generan un enorme sufrimiento", explica sobre esos casos. Llama a distinguir el duelo migratorio no grave de un trastorno mental porque "no es lo mismo pasarlo mal que estar enfermo". Mar�a �ngeles Plaza (CEAR) aporta un matiz sobre los refugiados. "Las personas migrantes tienen un proyecto, est�n construyendo; a las refugiadas les han roto su proyecto, tienen que reconstruir de las cenizas otro que la mayor�a de las veces no va a ser ni la mitad de bueno".Los desaf�os de la exclusi�nEl equipaje vital que Soukaina, Juan, Carolina, Joachim y Ndarow trajeron a Espa�a se ha transformado. Vilma Hidalgo (Diacon�a) habla de renuncias y apropiaciones culturales que "van construyendo la identidad porque no somos fragmentos, somos un todo". En sus maletas se cuelan nuevos problemas. "Si no est�s empadronado o no tienes documentos, no existes. Cuando llegamos sin documentaci�n somos un n�mero", describe Carolina. Personas reducidas a cifras. El profesor Achotegui se inspir� en la Odisea para dar el nombre de Ulises a ese duelo migratorio grave. De la epopeya hom�rica rescata una frase del h�roe migrante: "Nadie es mi nombre". �Qu� siente hoy una persona sin nombre? "Que no tiene dignidad, la humillaci�n est� muy ligada tambi�n con los trastornos mentales", precisa.Vilma Hidalgo (Diacon�a) concreta que la situaci�n irregular es un "alt�simo" factor de riesgo de ideaci�n suicida porque la desconfianza limita el acceso a la atenci�n m�dica. Mar�a �ngeles Plaza subraya la "vulnerabilidad muy fuerte" de quienes ven denegada su petici�n de asilo. Pierden las ayudas, la consideraci�n social -superior a la del inmigrante econ�mico-, y reciben un mensaje desalentador. "No creemos lo que te ha pasado o no es suficientemente grave. Lo contrario a lo que se recomienda para cualquier ser humano que ha sufrido un trauma: validar, creer, no juzgar".Migrantes y solicitantes de asilo quiz� compartan el viaje, pero transitan por caminos administrativos paralelos que a veces confluyen. En 2025 Espa�a acept� casi 18.000 resoluciones de protecci�n internacional, el 11'2% de las presentadas. A otro 36,8% se le otorg� la protecci�n por razones humanitarias, que es temporal y de rango inferior. La otra mitad, unas 85.000 personas, cay� al limbo de la irregularidad, a la espera de una regularizaci�n masiva como la que acaba de cerrarse."Una persona sin nombre siente que no tiene dignidad, la humillaci�n est� muy unida a los trastornos mentales"Joseba Achotegui, psiquiatraJoachim no conoce en persona a sus hijos mellizos, en octubre cumplir�n tres a�os. La tecnolog�a facilita el contacto pero no sortea todas las fronteras. Mar�a �ngeles Plaza llama la atenci�n sobre la dif�cil infancia y adolescencia de los hijos de refugiados. "Construyen su identidad alejados de su entorno; los chavales ucranianos, con la madre aqu� y el padre en el frente".Tampoco desaparece la preocupaci�n por la situaci�n de la familia en el pa�s de origen. "Voy a ganar mucho dinero", pensaba Ndarow con la intenci�n de enviar una parte. Pero las expectativas inmediatas naufragan. Encofrador en Senegal, se ha formado en panader�a y busca empleo. Joachim, soci�logo en su pa�s, trabaja en lo que encuentra. Juan, director creativo, hizo de camarero. Carolina hab�a estudiado dise�o para la industria de la moda en el SENA colombiano y ten�a experiencia como empresaria. En Espa�a vendi� bollos de pan, cuid� abuelos, lav� platos, limpi� aseos. "Aqu� empiezas desde cero: no eres abogado, no eres m�dico, no eres nadie en cuesti�n de profesiones", recapitula."El suicidio es multicausal", recuerda Vilma Hidalgo, "y la p�rdida de estatus es una piedra que se suma al saco y pesa mucho, porque la formaci�n previa ha supuesto sacrificios y renuncias que pierden valor". Como ocurre con los nacidos en Espa�a, la vivienda supone otro problema casi insalvable. Ndarow pas� varias noches en la calle. Hoy, al igual que Joachim, pernocta en las dependencias de una parroquia de la Mesa de la Hospitalidad promovida por el Arzobispado de Madrid. Entidades del �mbito religioso se han unido a esta iniciativa para responder a la emergencia social, la acogida y la integraci�n. Una l�nea de actuaci�n bendecida por Le�n XVI en su visita a Espa�a. Y es que la precarizaci�n incrementa la posibilidad de un deterioro de la salud mental.Para saber m�sLos l�mites de la resilienciaPese a lo anterior, los expertos consultados coinciden en que los migrantes y los solicitantes de asilo constituyen en general un colectivo resiliente gracias precisamente a su prop�sito de abrirse paso. "El emigrante a veces lo pasa tan mal que se olvida hasta de sus emociones", apunta el psiquiatra Achotegui. Pero la suma de traumas en su equipaje vital erosiona esa coraza. Un problema personal le hizo ver a Carolina que arrastraba una depresi�n desde a�os atr�s. "Dec�a 'no aguanto m�s, no quiero vivir'". La atenci�n profesional y una terapia de grupo le ayudaron a salir a flote."En la vida de un solicitante de protecci�n internacional todo es incertidumbre", se�ala Mar�a �ngeles Plaza (CEAR), y eso puede conducir a "profundos estados de desesperanza". A Soukaina, parad�jicamente, los papeles nunca le importaron. "Lo que buscaba era un lugar donde ser libre, sentirme segura". S� confiesa que tuvo miedo a alcanzar su l�mite emocional, a tocar fondo, a no poder m�s. La sent�an, cuenta, "seca como una piedra". La psic�loga Laura Rosa Mart�nez y la trabajadora social Zainab El Kjiji, de CEAR, trabajaron con ella el v�nculo y la integraci�n para rescatarla de la depresi�n y de una posible ideaci�n suicida."Lo que buscaba era un lugar donde ser libre, sentirme segura"SoukainaJuan enfrenta un nuevo proceso judicial y administrativo que lo mantiene en seguimiento psicol�gico y psiqui�trico porque en Espa�a ha sufrido, otra vez, "una vulneraci�n de derechos fundamentales" por la que ha demandado a su �ltima empresa. "Es un proceso constante de ruptura y de volver a reconstruirse, microprocesos que hacen parte de lo que llamamos vida", describe. Laura Carrillo, la psic�loga de CEAR que le ha acompa�ado, lo corrobora. "Trabajamos mucho con la idea de que ese proceso no es lineal, sino din�mico".El primer asidero, dice Juan, es encontrar una red de apoyo, alguien a quien llamar si te asalta la ansiedad. Vilma Hidalgo, de Diacon�a, apela a que todos formemos esas redes y las asocia a otros dos conceptos: permitir participaci�n, generar pertenencia. Las estructuras, a�ade, tienen que facilitarlo puesto que la inclusi�n y la exclusi�n son bidireccionales y rec�procas. "En la medida en que me excluyen, no me siento parte y me separo. En la medida en que me incluyen, me acerco".La psic�loga Mar�a �ngeles Plaza, de CEAR, tambi�n acent�a el valor del apoyo percibido por el migrante y recomienda los grupos de autoayuda para compartir experiencias o denunciar discriminaciones. Sostiene que la integraci�n de los refugiados pasa por la "verdad" de escuchar su testimonio, la "justicia" que reequilibre sus creencias sobre el mundo y la "reparaci�n" de unas pol�ticas m�s amables.A partir de su ampl�sima experiencia, Joseba Achotegui invita a la sociedad a evitar que el inmigrante se a�sle. A dejarle hacer porque eso eleva su autoestima. Y a reforzar sus motivaciones. "Las personas necesitan un sentido, y m�s cuando sufren mucho, eso evita la desesperanza".Sue�os renovados"Mi sue�o es ayudar a mi familia", asegura Ndarow. Joachim ans�a conocer a sus hijos, vivir en familia, y planea escribir un libro sobre este viaje que define como "una lucha". Defraudado por la falta de integraci�n real en su �ltima empresa, Juan crea un proyecto para llevar la moda a los videojuegos mientras trabaja su reconstrucci�n personal. "He aprendido a tener un di�logo interno muy coherente para no hundirme, aprend� a abrazar mi vulnerabilidad", concluye.El negocio que Carolina desmont� en Colombia renace en Espa�a gracias al programa 'Relanzados', de Diacon�a, para convertir ideas en proyectos empresariales. La emprendedora que nunca dej� de aprender ha desarrollado Ferraro Trending, un atelier de sastrer�a, dise�o textil, estampados y producci�n. "Estoy en la mitad del camino", apunta, porque aspira a crear una asociaci�n que abarque todas las necesidades que ella tuvo al llegar.Soukaina, por �ltimo, ha aprendido que es una persona m�s fuerte de lo que esperaba, capaz de "llorar y re�r con los dem�s". Lleg� con lo puesto y ha enriquecido su equipaje de vida con una ense�anza. "Hay que creer en uno mismo y tener sue�os para poder avanzar. Si no sue�as, no puedes seguir adelante".Este reportaje forma parte del proyecto 'Once vidas' impulsado por EL MUNDO para la prevenci�n del suicidio, del que forman parte Rafael �lvarez, Yaiza Perera, Rebeca Yanke y Santiago Saiz.