Estas instalaciones tienen un coste de mantenimiento que ha subido un 9% en un año y desajusta los presupuestos. Algunas comunidades recortan el horario de uso
El mantenimiento de las piscinas comunitarias se ha convertido en una nueva fuente de presión para las cuentas vecinales: este verano cuesta, de media, un 9% más que hace un año. La subida afecta a prácticamente todos los componentes del servicio, desde los productos químicos hasta la mano de obra especializada, pasando por la energía, el transporte o los equipos técnicos, según Raúl Viyuela, presidente de la Asociación de Empresarios de Mantenimiento Profesional de Instalaciones Acuáticas (EMPIA).
A ello se suma que las piscinas comunitarias están sujetas a estrictos requisitos sanitarios y de seguridad que obligan a realizar controles periódicos de la calidad del agua, de los sistemas de depuración y actuaciones preventivas para evitar averías o riesgos. “Son factores que también tienen una repercusión directa en los costes de mantenimiento”, dice Viyuela. Además, algunas comunidades autónomas, como la de Madrid, han endurecido recientemente sus exigencias normativas.
El sobrecoste llega en un momento especialmente delicado para muchas comunidades de vecinos, que en los últimos años han visto dispararse partidas esenciales como la energía, los seguros, la limpieza, los servicios de conserjería o las reparaciones, elevando de forma progresiva las cuotas comunitarias. Las piscinas, una de las instalaciones más valoradas en las urbanizaciones, se han convertido así en uno de los capítulos de gasto que más crecen dentro de los presupuestos. El problema añadido es que los propietarios aprobaron sus cuentas anuales a finales de 2025 sin prever el aumento de costes registrado en los últimos meses en el mantenimiento de estas instalaciones, que, de por sí, no es barato. Una piscina comunitaria media de entre 80 y 120 viviendas suele necesitar entre 12.500 y 15.000 euros anuales para la conservación integral, dependiendo del tamaño del vaso, los horarios de uso, el equipamiento, la antigüedad de las instalaciones y las necesidades de personal. Este verano “se están encontrando con que los costes del mantenimiento han aumentado de forma significativa respecto a las previsiones”, indica Viyuela.









