La Copa del Mundo 2026 está empezando a transitar sus instancias finales y, como desde el principio, las críticas y las injerencias políticas sobre el evento han estado en permanente exposición. Lo que debía enfocarse en el análisis deportivo ha quedado marcado por controversias políticas que han incrementado la dimensión geopolítica del evento. La última ha sido la injerencia directa de Donald Trump sobre la FIFA respecto a la situación del delantero estadounidense Folarin Balogun (que nació en Estados Unidos, siendo hijo de nigerianos residentes en Londres). El jugador, que fuera expulsado en el partido ante Bosnia y Herzegovina, y la confesión del Presidente de Estados Unidos admitiendo que intervino ante el órgano rector del fútbol para revertir la decisión del árbitro, se convirtió en uno de los hechos más controvertidos de la historia moderna de la FIFA. En ese contexto, la entidad presidida por Gianni Infantino ha sido altamente rigurosa con aquellas federaciones, especialmente africanas, asiáticas y latinoamericanas, amenazando con suspenderlas o expulsaras ante la mínima intromisión de los gobiernos locales en las cuestiones de sus asociaciones locales.
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