Si algo ha demostrado el Mundial de 2026 es que la capacidad de la FIFA para generar ingresos parece crecer al mismo ritmo que las controversias que rodean al organismo. Más de una década después del escándalo de corrupción que provocó la caída de Sepp Blatter y obligó a una profunda reforma institucional, la organización presidida por Gianni Infantino atraviesa el mejor momento financiero de su historia. Las críticas por decisiones deportivas, la cercanía con líderes políticos o el historial de sedes cuestionadas por sus derechos humanos apenas han alterado un modelo de negocio que cada vez mueve más dinero.La FIFA prevé ingresar alrededor de 9.000 millones de dólares con el Mundial que se disputa en Estados Unidos, México y Canadá, unos 2.000 millones más que los obtenidos en Qatar. La cifra supone el mayor rendimiento económico jamás alcanzado por una Copa del Mundo y confirma una tendencia que la propia organización ya anticipaba en su plan financiero para el ciclo 2023-2026.

El crecimiento no se explica únicamente por la venta de derechos de transmisión. Dentro de los estadios, el consumo de los aficionados se ha convertido en otra importante fuente de negocio. Durante el torneo se estima que cada espectador gasta alrededor de 100 dólares en alimentos y bebidas, una cifra muy superior a la registrada habitualmente en otros grandes eventos deportivos de Estados Unidos. Este desembolso se produce, además, en un contexto en el que la organización prohíbe acceder a los recintos con botellas reutilizables de agua, obligando a los asistentes a adquirir las bebidas en los puntos de venta autorizados. Parte de esa actividad comercial genera ingresos para la FIFA a través de los contratos de explotación de los estadios.