Una joven sonríe mientras avanza con movimientos tambaleantes sentada sobre una bicicleta. A su lado, un hombre se aferra al portaequipajes de la suya y la empuja hacia adelante por el carril bici. Un tercer amigo les sigue grabando con el móvil junto a la Plaza del Ayuntamiento de Copenhague. Casi con toda seguridad, el vídeo acabará en las redes sociales como prueba de haber completado una de las experiencias que se han vuelto imprescindibles para los turistas que visitan la capital danesa: lanzarse a recorrer la ciudad sobre dos ruedas como lo hacen los copenhagueses.

No todos los visitantes se comportan como en esta escena, pero en los meses de verano se ha vuelto habitual ver a turistas que circulan a contramano por un carril bici muy transitado, o cruzando un paso de peatones sin bajarse de la bicicleta, mientras que otros no distinguen entre circular por el carril bici, la calzada y la acera. Tampoco faltan quienes se detienen en mitad del carril para hacerse una foto o esperan allí mismo, interrumpiendo el tráfico, y a los propios compañeros del grupo que pedalean unos metros por detrás.