La movilidad activa, a pie y en bicicleta, tiene efectos muy positivos sobre la salud de cada persona, ya que supone un ejercicio diario. Pero la planificación urbana no siempre tiene en cuenta este aspecto, pues muchas ciudades privilegian más moverse en coche —con grandes autopistas urbanas, aceras estrechas y sin espacio ciclista— que hacerlo de modo sostenible. Un completo estudio publicado este lunes en la revista científica PNAS analiza los trayectos en más de 11.500 urbes de todo el mundo y da más argumentos para humanizar los entornos urbanos: construir carriles bici siguiendo el modelo de Copenhague podría reducir las emisiones cerca de un 6% y ahorraría hasta 435.000 millones al año en salud.

El trabajo revisa los modos de viaje anonimizados realizados en 2023 en 11.587 ciudades de 121 países y seis continentes, donde viven unos 2.000 millones de personas (alrededor del 41% de la población global) y los procesa con un modelo jerárquico bayesiano, un método estadístico que modela datos con muchas variantes (por ejemplo, clima, precio de la gasolina, PIB per cápita o salario medio).

“La principal conclusión de nuestro trabajo es que hay beneficios sustanciales para la salud y el clima al rediseñar las calles con carriles bici. Estimamos que una expansión de vías ciclistas similar a los niveles de Copenhague reduciría las emisiones de coches privados alrededor de un 6%” en las ciudades analizadas, explica por correo Adam Millard-Ball, principal autor del estudio. “En segundo lugar, el clima no es una excusa, dado que urbes con climas tanto cálidos como fríos, e incluso donde llueve o nieva a menudo, también tienen niveles importantes de gente que camina o pedalea. En tercero, las ciudades no se tienen que convertir en Copenhague o Ámsterdam para tener éxito: hay numerosos ejemplos positivos por todo el mundo, de Buenos Aires a Montreal u Osaka”.