“Si quieres que la gente camine, debes hacer aceras anchas y cómodas que impulsen que se camine”, explica David Lois mientras mira resignado la que tiene detrás: el estrecho espacio peatonal del paseo del Prado en el que se agolpan quienes quieren entrar al Museo Thyssen y quienes caminan, rodeados por 10 carril...

es para coches en una auténtica autovía urbana. La percepción, aquí, es que el automóvil es el rey y que caminar es incómodo. Es el tipo de temas que estudia Lois (Madrid, 54 años), profesor de Psicología Social en la UNED e investigador en el Centro de Investigación del Transporte (Transyt-UPM), donde analiza los condicionantes sociales que influyen en cómo nos movemos. Atiende a EL PAÍS al inicio de la Semana Europea de la Movilidad.

Pregunta. ¿Las ciudades españolas tienen una movilidad del siglo XXI?

Respuesta. ¿Están a salvo los colegios y centros de salud de la contaminación del aire y del ruido? ¿El transporte público se privilegia? ¿Los niños tienen autonomía para moverse por el barrio? No, así que no estamos en el siglo XXI.

P. En la Comunidad de Madrid, el 30% de los viajes en coche son inferiores a dos kilómetros y el 50% no llega a cinco kilómetros. ¿Qué dice la Psicología Social de por qué se usa el coche en esas distancias?