La política es en gran parte una batalla moral. No suele decantarse en función de los datos porque las diferencias son de valores. Lo explica el psicólogo social Jonathan Haidt, autor de “La mente de los justos”, donde estudia cómo cada grupo interpreta los mismos hechos desde visiones morales distintas. En su opinión, la izquierda tiene más en cuenta los cuidados (protección a los vulnerables, empatía), la libertad (rechazo al control autoritario) y la equidad (justicia y recibir según el esfuerzo). Por su parte, el voto a la derecha se basa en la mezcla de todos esos, pero añade la lealtad (fidelidad a la patria o al grupo), autoridad (respeto a la jerarquía y la tradición) y la búsqueda de la pureza (sea física o espiritual), a los que la izquierda apenas presta atención. A partir de ahí, los mensajes dirigidos a un sector ideológico u otro tendrán éxito si subrayan aquello para lo que cada colectivo es más receptivo. Es un análisis que puede aplicarse a cómo afrontan el PP y el PSOE esta recta final hasta las elecciones.Alberto Núñez Feijóo suele aludir con mucha frecuencia a la “inmoralidad” del presidente del Gobierno por permanecer en la Moncloa mientras le llueven los casos de corrupción. El líder del PP basa toda su estrategia en la denuncia de esos escándalos y, en especial, en atribuirlos al círculo más estrecho y personal de Pedro Sánchez, puesto que el mensaje principal se dirige, no contra el partido socialista, sino contra el presidente. De esta forma, busca no incomodar demasiado a votantes del PSOE que puedan cambiar de papeleta o, simplemente, no sentirse atacados y sí lo suficientemente desanimados como para no ir al colegio electoral. La moralidad es un factor clave en el discurso de Feijóo que, desde la tribuna del Congreso, insiste en señalar los “prostíbulos” del suegro de Sánchez o en las acusaciones a su mujer y su hermano. Los valores de la equidad, de recibir según el esfuerzo, se ven comprometidos cuando entra en juego la corrupción, y tanto el votante de derechas como el de izquierdas se siente de alguna forma interpelado. Pero en especial los progresistas cuando se trata de sus propios referentes. Más adelante nos detendremos más en la teoría de Haidt.Por eso, el ambiente político irrespirable va a continuar. El calendario judicial es inclemente. Está pendiente la sentencia de David Sánchez, que podría llegar antes de las vacaciones o justo después. En el Gobierno se espera una condena, aunque sea mínima. En el caso que afecta a Begoña Gómez será fundamental conocer la reacción de la Audiencia Provincial de Madrid a las decisiones del juez Peinado, como la imposición de medidas cautelares o la apertura de juicio con jurado. Los ciudadanos contemplan con especial recelo la actuación judicial en este caso. De hecho, la causa contra la mujer del presidente y la condena al ex fiscal general del Estado son las más incomprendidas para una buena parte de la población, según revela la encuesta que publicó el pasado lunes La Vanguardia. Si no fuera por estos dos asuntos, Sánchez y su Gobierno tendrían muy difícil deslizar el mensaje de que algunos jueces incurren en el lawfare.Algunos en la oposición confían en que el trato judicial favorable a Aldama anime a Cerdán a cantar contra su partidoEn cambio, la causa de José Luis Rodríguez Zapatero acelerará tras el verano y será un golpe para el PSOE y para Sánchez, que ha defendido personalmente al expresidente. Las derivaciones del caso Leire avanzan con mayor lentitud. Afectan al Gobierno porque los contratos de la SEPI están en el foco de la investigación. Además, se espera la imputación del PSOE como persona jurídica por los pagos a la “fontanera” y no se descarta que alguna de las causas pueda derivar en una acusación de financiación ilegal del partido. Algunos confían en que el trato favorable recibido por el comisionista Víctor de Aldama por colaborar con la justicia, que ha logrado librarse de la cárcel en la sentencia sobre los contratos de las mascarillas mientras José Luis Ábalos ha sido condenado a 24 años de prisión, pueda convencer a Santos Cerdán para tirar de manta e implicar al PSOE.No todo son causas que afectan a los socialistas. Es muy posible que la sentencia por el caso Kitchen sobre las cloacas de Interior en la época del PP llegue después del verano. Pero, sobre todo, sigue avanzando la investigación del presunto fraude fiscal del novio de Isabel Díaz Ayuso, así como las indagaciones sobre sus contratos con Quirón. Lo primero puede estar resuelto hacia la próxima primavera y ya sabemos que la fecha de las elecciones planea entre febrero y marzo, o bien ya después de las municipales de mayo. Como decíamos, se suele dar por supuesto que los votantes de la derecha no son tan proclives a castigar a sus líderes cuando éstos incurren en casos de corrupción. A la luz de las enseñanzas de Haidt, es cierto que los partidos conservadores o los de extrema derecha cuentan con ventaja a la hora de convencer a sus electores con más teclas, no solo con la equidad o la falta de ella en el rival. Según Haidt, la corrupción violenta los valores de la equidad tanto para los electores de derechas como para los de izquierdas. Pero en los primeros pesan otros factores a la hora de expresar sus preferencias, como el de la lealtad al grupo, por lo que son más proclives a perdonar esos deslices. Eso podría explicar la impresión distinta sobre las consecuencias que la corrupción tiene en los electores de uno u otro signo.Esta vez, sin embargo, Sánchez está deslizando la idea de que es víctima de una injusticia para movilizar a los seguidores de la izquierda. Si le diera resultado esta estrategia, la teoría de Haidt se vería comprometida en esta ocasión. En otras situaciones se aprecia una correlación clara. Por ejemplo, cuando el PP y Vox arremetieron contra los pactos entre el PSOE y los independentistas catalanes activaron los valores de la lealtad y la fidelidad a la patria. Asimismo, cuando la derecha promueve el concepto de “prioridad nacional”, es evidente que se está apelando a los valores de pureza, más reforzados entre la población que vota a partidos conservadores. Cuando estos días Ayuso saca a colación los derechos de los concebidos no nacidos, entra en juego el factor de la tradición, vinculada también a la religión. Incluso cuando Feijóo no calcula demasiado bien la oportunidad política de abordar el absentismo laboral lo hace amparado en los valores de jerarquía y autoridad que son apreciados entre sus votantes, incluidos muchos trabajadores.Sánchez recurre a sus propios resortes y lo va a seguir haciendo de aquí a las elecciones. La inyección económica y de nuevas prestaciones para la ley de dependencia, impulsada por sus socios de Sumar, apela a la moral de los cuidados y protección de los vulnerables, así como la regularización de inmigrantes, aunque en esta cuestión se produzcan algunas fugas. El choque del presidente con Donald Trump o con los tecno oligarcas revela su afán por movilizar al voto que se siente identificado con el rechazo al control autoritario. En este segmento de electores ha hecho sus incursiones Ayuso con buenos réditos aprovechando la presencia de Podemos en el Ejecutivo, cuyas iniciativas regulatorias ha asimilado a un intento de coartar la libertad de los ciudadanos, calificándolas de comunistas.El programa de Sánchez para los próximos meses incluye iniciativas económicas para convencer a quienes valoran sobre todo la protección social, la base de su electorado. La presentación de unos Presupuestos muy expansivos y una financiación autonómica que prometen una lluvia de millones sobre las administraciones que hoy sostienen el estado del bienestar constituyen su apuesta política para la vuelta del verano. Un planteamiento con el que intentará reconstruir la mayoría que le permitió ser investido presidente. Lo tiene realmente difícil, ya que ni Junts ni Podemos están por la labor, pero Sánchez tratará de armar el discurso de que la sanidad o la educación podrían ir mejor si no fuera porque esas fuerzas no apoyan las cuentas por motivos partidistas. Sánchez intentará que la aplicación de la amnistía a Carles Puigdemont allane el camino de una negociación con Junts que incluya aspectos de los presupuestos y del déficit, pero también de otros asuntos pendientes, como la delegación de competencias en inmigración o el catalán en Europa, ya que se sigue insistiendo en que Alemania dé su brazo a torcer.El líder del PSOE no quiere dar por perdido el partido antes de jugarlo, pero lo cierto es que los valores que Haidt identifica como los que mueven a los votantes de la derecha a acudir a los colegios electorales están en estos momentos en un punto álgido en el debate político.Licenciada en Periodismo y Políticas. Directora adjunta de La Vanguardia. Autora de la newsletter 'Política', que se publica cada jueves, y de los libros 'El naufragio' y 'El muro', sobre el conflicto catalán