De pequeño era insoportablemente curioso. Hacía dos cosas: romper electrodomésticos para ver qué había dentro y dibujar ideas en cuadernos que me obsesionaban en determinados momentos. Robots que me hacían la cama, máquinas que ordenaban mi habitación. Parece que además de curioso era vago.Un día me compré una impresora 3D. Fue casi un capricho: quería construir alguna de aquellas ideas del cuaderno y ver si funcionaban de verdad. Ocurrió algo increíble: me di cuenta de que, además de divertirme diseñando, aquello podía ayudar a otros. La misma curiosidad que de niño gastaba en inventar por inventar, de adulto podía convertirse en una prótesis para alguien.Ahí aprendí la idea que después he repetido en cada conferencia: si usas tu pasión te darás cuenta de lo fácil que es ayudar, de lo fácil que es vivir haciendo el bien. No hace falta buscar una causa lejana ni esperar a tener más tiempo o dinero. Basta con mirar qué es lo que ya te gusta hacer y preguntarte a quién más podría servirle.Pasaron los años y llegó el momento de dejar mi trabajo y, prácticamente, mi forma de vida anterior. Me di cuenta de que lo que de verdad me hacía feliz era crear para ayudar, y que seguir haciendo otra cosa era posponer lo único que no quería posponer. Con ganas y los pies en el suelo, fui construyendo un proyecto en el que hoy están implicadas cientos de personas en todo el mundo, tejiendo una red global de gente que fabrica, enseña y comparte.Y descubrí algo irónico: cuantas más personas debes dirigir, más tiempo tienes para ti. Siempre que esas personas tengan tus mismos objetivos. Delegar no es perder el control, es multiplicar lo que una única persona jamás podría sostener sola.Con esa red ya en marcha entendí que no podía dejar de crear. Empecé a diseñar no solo para personas con distintas discapacidades, sino también para otros colectivos como niños en tratamiento oncológico. Y hasta cambié de especie: en mi tablet nacen patitas para animales que se transforman en ayudas cuando las envío a mis impresoras 3D.No puedo dejar de crear. Si es para ayudar mejor. Pero sobre todo lo que no podría permitirme nunca es dejar de dar mi turra social: divulgar exactamente lo que quiero contarte hoy aquí, en estas letras. Me obsesioné con ayudar porque hacerlo con mi impresora 3D era como jugar. Solo tienes que darte cuenta de lo que te apasiona o en lo que eres profesional para demostrarte a ti mismo que, usándolo, ayudar es demasiado fácil como para no hacerlo.
Aquí mi turra social
Me obsesioné con ayudar porque hacerlo con mi impresora 3D era como jugar.






