Hipnotizada. As� me siento cuando pongo en marcha, a distancia, mi robot aspirador Roomba Mini y desde la app vigilo c�mo se desplaza, dejando tras de s� un rastro de gruesas l�neas verdes (lo que ya ha aspirado) sobre el mapa esquem�tico de la cocina o el pasillo o donde sea que est� el aparato. Ya s� que el tiempo que paso secuestrada por esta nader�a podr�a invertirlo en asuntos m�s provechosos, pero hay algo en este dejarse arrastrar por la Roomba que la deja a una en plan Virila, aquel abad del monasterio de Leyre que sali� al campo a meditar, se qued� pillado con el p�o p�o de un p�jaro y al volver a la abad�a result� que hab�an pasado 300 a�os. A m� la conciencia se me desenfoca, el pensamiento se me queda suspendido y el tiempo se me pasa volando. Aunque no tanto como a Virila, claro.
Soy consciente de mi extra�a relaci�n con las aspiradoras aunque, eso s�, no al nivel que propone la pel�cula tailandesa A Useful Ghost (de Ratchapoom Boonbunchachoke), donde una mujer muerta regresa convertida -o mejor, reencarnada- en este electrodom�stico y sigue intentando cuidar y amar a su marido desde su inesperada nueva situaci�n. El esposo por su parte sigue enamorado de ella, as� que ambos reanudan su relaci�n sentimental y sexual, aunque ella sea ahora una aspiradora (pese a lo surrealista de la propuesta, A Useful Ghost no juega en la liga del absurdo, sino como una oscura s�tira social y pol�tica). Si te pica la curiosidad, est� en Movistar+.Como tantas personas, me extra-aficion� a las aspiradoras y los productos de limpieza durante el confinamiento por el Covid. Est� m�s que cuantificado c�mo esa fiebre se extendi� por el planeta, como otro virus, un contravirus, podr�amos decir. Durante los dos primeros a�os fuertes de pandemia se vendieron m�s de 23 millones de unidades de robots aspiradores (el mercado aument� un 40% en s�lo dos a�os). M�s all� del terror a los g�rmenes, limpiar se convirti� en una mezcla de ancla psicol�gica, rutina tranquilizadora y, a veces, como con la Roomba y sus primas, en espect�culo contemplativo. Porque lo de quedarse mirando el robot como si fuese un pez en un acuario o un le�o en el fuego... le pas� a mucha m�s gente, venga, �confesad!El problema es que cuando algo se mueve por su cuenta y lo ves tomar decisiones -aunque sean equivocadas, como cuando se empecina en pasar por donde no debe- no puedes evitar empezar a ver en el aparato la chispa de la vida. Ni he sido la primera ni ser� la �ltima que le dirige a su Roomba frases del tipo: "Pero, �eres tonta o qu�?", "ay, qu� pesadita te pones", "te he dicho mil veces que por ah� no te metas" o "�en serio te tienes que comer otra vez los flecos de la alfombra?"...La Roomba ve y habla, aunque siempre diga las mismas cosas, pero algunas personas hacen exactamente lo mismo y no por ello dejan deser personasDado que, como sospecho desde hace tiempo, mi vida se organiza en bloques monogr�ficos, tras escribir lo anterior alargo la mano hasta la mesilla de noche para coger el siguiente volumen de mi lista de lecturas pendientes y resulta ser El poder del objeto, de Blanca Gar� (ed. Siruela). P�gina 12: "En este libro he intentado poner la mirada del lado del objeto, partir de ella, es decir, partir del supuesto de que el objeto mira y, porque mira, ejerce poder y es capaz de agencia [vamos, de actuar]". �Ay! Claro que la medievalista habla de cofres, libros, ata�des y custodias, pero me resulta imposible no sospechar que tambi�n mi Roomba -que por cierto, ve y habla, aunque siempre diga las mismas cosas, pero algunas personas hacen lo mismo y no por ello dejan de ser personas- ejerce una forma m�nima, dom�stica y silenciosa de poder sobre m�.Y eso, sin necesidad de disertaciones sobre la dimensi�n fenomenol�gica de la conciencia ni sobre la fractura epistemol�gica entre sujeto y objeto para acabar atribuy�ndole una vaga forma de interioridad. Qu� va, qu� va. La dignidad filos�fica de la aspiraci�n es mucho m�s simple que todo eso; est� en ese enfrentarse sin tregua al hecho de que el mundo genera continuamente desorden, polvo y restos, y aun as� insistir en volver a ponerlo todo, al menos provisionalmente, en su sitio.A estas alturas, por otro lado, ya me resulta dif�cil no mirar a mis aspiradoras (tengo tres) con cierta prevenci�n. Donde dije digo digo Diego, reconozco que despu�s de ver A Useful Ghost me ha resultado inevitable preguntarme si tanta fascinaci�n dom�stica no ser� el primer paso hacia algo mucho m�s turbio. Hoy le hablas a la aspiradora, ma�ana le coges cari�o y pasado igual acabas manteniendo con ella una relaci�n emocional compleja, qui�n sabe si incluso t�xica, mientras recorre el pasillo arriba y abajo hablando de imperativos categ�ricos y absorbiendo migas. Advertidas estamos.








