La historia de Maider Agirre y la del Bilbao BBK Live comenzaron prácticamente al mismo tiempo. En julio de 2006, mientras Guns N’ Roses hacía vibrar el monte Kobetamendi, la ama de Maider bailaba embarazada de cuatro meses entre el público. Veinte años después de la primera edición, aquella niña que aún no había nacido regresa al mismo lugar con las mismas ganas de disfrutar, en este caso, de la sesión del DJ británico Calvin Harris. “Mi madre es más de rock, pero a mí me gusta la música electrónica”, cuenta entre risas. Dos décadas dan para mucho. A esta joven de Basurto le han bastado para dejar atrás el instituto, completar “con nota” sus estudios obligatorios y comenzar un grado superior de Administración y Finanzas. También para adoptar a Lili, su perrita. Durante este mismo tiempo, el Bilbao BBK Live ha recorrido su propio camino hacia la madurez y no solo con una evidente evolución en sus carteles. El festival celebra este año su vigésimo aniversario convertido en una cita musical de referencia internacional, pero con las raíces echadas en la ciudad que la ha visto crecer.“La combinación de identidad, coherencia artística, capacidad de adaptación y un fuerte vínculo con el territorio ha sido la clave para llegar hasta aquí”, resume Yurdana Burgoa, CEO de Last Tour, la promotora vasca que organiza el festival desde sus inicios. A su juicio, la relación entre música, ciudad, montaña y comunidad ha permitido que una parte importante de la ciudadanía sienta el Bilbao BBK Live como algo propio. Más del 40% de los 115.000 asistentes de la última edición procedían de Euskadi, una cifra que aumenta si se tienen en cuenta las actividades paralelas que durante esos días se desarrollan en distintos espacios de Bilbao.Cuando nació en 2006, Bilbao ya estaba inmersa en una profunda transformación iniciada en los años 90. El festival encontró su ecosistema en una villa que quería consolidarse como destino cultural internacional y este contexto dotó al propio festival de un relato propio. Burgoa sostiene que “ha contribuido a proyectar Bilbao en circuitos culturales y musicales internacionales, pero también ha generado una relación emocional con la ciudad”: “Muchas personas han descubierto Bilbao a través del festival y muchas otras lo viven como parte de su calendario cultural”.Este “vínculo estratégico y emocional” va más allá de tres días de conciertos. En los últimos años ha ido extendiendo su programación por diferentes espacios urbanos de Bilbao y Bizkaia con conciertos gratuitos y actividades culturales. También ha sido una forma de responder a una de las críticas que han acompañado al evento desde sus comienzos: la sensación de que toda la actividad económica se concentraba en el recinto y el camping oficial ubicados en la punta de un monte. “Es importante seguir dialogando y buscando fórmulas que conecten mejor el festival con el tejido urbano, aunque la inmensa mayoría de los bares y restaurantes obtienen un balance favorable”, opina Burgoa.La última edición generó un impacto económico de 23,6 millones de euros, especialmente en sectores como la hostelería, el comercio, el transporte y los alojamientos, según datos proporcionados por el Ayuntamiento de Bilbao. Además, alrededor de 3.500 personas trabajaron en tareas de logística, suministros, servicios, iluminación, sonido, audiovisuales, seguridad o catering.Modelo de ciudadEl Bilbao BBK Live forma parte ya del modelo de ciudad perfilado en las últimas décadas. “Ha situado a Bilbao entre las grandes capitales europeas de los eventos musicales y culturales, en un entorno tan singular como Kobetamendi”, afirma la concejala de Desarrollo Económico, Comercio, Turismo y Empleo, Kontxi Claver, en una entrevista con EL PAÍS. El consistorio considera el festival un elemento estratégico dentro de su apuesta por la cultura y el turismo de calidad, aunque insiste en que el apoyo institucional ha evolucionado con el propio crecimiento del evento.La aportación municipal asciende este año a 1,2 millones de euros, medio millón menos que en la edición anterior. La reducción responde, según Claver, a una lógica compartida con la organización: “La administración tiene que estar muy presente en los comienzos, pero cuando un proyecto alcanza la madurez y consigue nuevos patrocinadores, nuestro papel pasa a centrarse en facilitar la organización y garantizar que todo funcione correctamente”. Ese apoyo se traduce también en un amplio despliegue de recursos públicos en materias de seguridad, limpieza, movilidad, transporte, gestión de residuos o coordinación entre una veintena de áreas municipales.Este año, además, el Ayuntamiento bilbaíno ha comenzado a aplicar una herramienta específica para evaluar el impacto económico, social y medioambiental de los grandes eventos y condicionar parte de la financiación pública al cumplimiento de determinados indicadores relacionados con la sostenibilidad, las condiciones laborales o la integración en la ciudad. Esta fórmula pretende además hacer frente a las condiciones precarias en las que trabajaba parte del personal en ediciones pasadas. El laboratorio de la sostenibilidadLa sostenibilidad es, precisamente, el otro gran eje sobre el que el BBK Live ha construido su evolución. Si hace dos décadas el objetivo se centraba casi exclusivamente en atraer grandes artistas internacionales, hoy el reto consiste en reducir la huella ambiental sin renunciar a su dimensión. Kobetamendi se ha convertido en un laboratorio donde probar tecnologías que posteriormente se aplican en otros grandes eventos culturales.Una de las novedades de esta edición serán los 11 seguidores solares inteligentes instalados junto a uno de los escenarios. Estos dispositivos funcionan como grandes girasoles tecnológicos capaces de modificar automáticamente su posición para captar la máxima radiación solar. A diferencia de los seguidores tradicionales, incorporan algoritmos de aprendizaje automático que tienen en cuenta variables como las sombras proyectadas por estructuras o árboles, la nubosidad, el viento o la temperatura para decidir, en tiempo real, cuál es la orientación más eficiente.“El sistema aprende continuamente. No se limita a seguir la trayectoria del sol, sino que analiza todas las condiciones del entorno para producir la mayor cantidad posible de energía”, explica Javier Juárez, gerente de sistemas energéticos de Repsol Technology Lab. La experiencia del año pasado permitió alimentar prácticamente uno de los principales escenarios y sus aledaños mediante una combinación de energía solar, baterías y combustibles renovables. La electricidad generada equivalió al consumo diario de unas treinta viviendas españolas, un conocimiento que ahora sirve para seguir perfeccionando el sistema.El resto del recinto funcionará gracias a cerca de 30.000 litros de combustible renovable destinados a grupos electrógenos y movilidad interna, una solución que permitirá evitar la emisión de más de 100 toneladas de dióxido de carbono respecto al uso de combustibles fósiles convencionales. “No existe una única tecnología capaz de resolver todas las necesidades de un festival. La clave está en combinar distintas soluciones para conseguir el sistema más eficiente posible”, resume Juárez.El otro gran reto del Bilbao BBK Live es conservar la identidad con la que nació. Last Tour se presenta como la mayor promotora independiente de España y mantiene un accionariado mayoritariamente vasco, pese al interés en los últimos años de distintos fondos internacionales por adquirir la empresa. Burgoa no oculta que esas ofertas existen, pero defiende que el arraigo forma parte de la esencia del proyecto. “Más allá del interés que pueda despertar el festival, creemos que su sentido está precisamente en mantener esa conexión con Bilbao y con la comunidad que lo ha hecho crecer. No podría entenderse igual en otro lugar”, sentencia.Bilbao dio al BBK Live un espacio desde el que crecer y el festival devolvió a la ciudad una nueva manera de proyectarse al mundo. Durante 20 años ambos han evolucionado juntos, adaptándose a los cambios sociales, musicales y culturales sin perder de vista sus raíces. Maider, como vecina, forma parte de esa historia compartida. Llegó al festival antes incluso de nacer y vuelve ahora convertida en una joven aficionada a la música electrónica. Como ella, el Bilbao BBK Live también cumple 20 años. Ambos afrontan esta nueva etapa con la sensación de que “todavía lo mejor está por llegar”, comenta la chica antes de iniciar su paseo con Lili por la ría de Bilbao.